Cuando la libertad bajó del cielo…

Hace apenas 8 días celebrábamos el 67 aniversario de la llegada por vía aérea, de los expedicionarios del 14 de junio de 1959 que desembarcaron en Constanza a las 6:20 de la tarde, de ese apacible domingo.

Hay fechas que conocemos por los libros y otras que parecen haberse quedado viviendo en nuestra memoria. Esta pertenece a las dos categorías. Radio Bemba y el periódico “Dicen” anunciaban por lo bajo: Dicen que son “barbuse comunita cubano”; Dicen que vienen a “tumbái ai Jefe”: Dicen “que son mucho”.

Los periódicos, maniatados por la dictadura, hablaban de “una invasión extranjera”. “Sediciosos”, “mercenarios”, “bandoleros”, “comunistas”, eran términos que propalaban los censurados e intervenidos diarios criollos de la época. 2 relatos paralelos: “aplastante victoria”, “campesinos solidarios con el régimen”, “pronto serán vencidos los invasores”, “un glorioso e invencible ejército” y mientras el rumor de la realidad de los caminos polvorientos del Constanza de la época, adonde el arrojo de unos pocos sacudía el andamiaje oficial. Uno se escribía con tinta y el otro con susurros…El miedo, el arma más poderosa de la dictadura de Trujillo, había sido instaurado a base de asesinatos, atropellos, maltratos, abusos y desapariciones e instalada bajo la sombra del sátrapa, abarcando cada espacio, cada lugar: la Iglesia, los cuarteles, la escuela, las oficinas públicas y hasta las conversaciones en voz baja. Ese día en vez de bajar lluvia y neblina del cielo, bajó Esperanzas: algunos se habían atrevido, otra vez, a desafiar la dictadura. No eran aventureros en busca de gloria, ni mercenarios contratados para una guerra ajena: eran 54 valientes que temían en lo más íntimo del corazón que fuera un viaje sin regreso y una lucha imposible contra un ejército poderoso que lanzó cerca de 55 guardias por cada guerrillero desembarcado. Los bombardearon, persiguieron, acosaron, atraparon vivos a la mayoría y los torturaron desatando crueldad infinita sobre sus cuerpos que luego arrojaron vivos desde el aire, sobre las pistas de la base aérea de San Isidro. Exiliados dominicanos respaldados por nacionales de otros países que abandonaron una vida posible para inmolarse por la causa de la libertad de un pueblo aplastado por el terror. El cubano Delio Gómez Ochoa, comandante de una facción, Enrique Jiménez Moya de otra, Pablito Mirabal, adolescente cubano de 15 años escondido con complicidades en el avión. Delio y Palito, junto a Poncio Pou Saleta de 47 años de Santiago; Mayobanex Vargas Vargas, de Bonao, de 23 años; Fco.
Medardo Germán Santos, de Puerto Plata, de 50 años y también de Santiago Gonzalo Almonte Pacheco de 30 años, dominicanos, fueron los únicos 6 sobrevivientes, torturados y presos hasta descabezada la dictadura. Con los años comprendimos como ese puñado de valientes, vencidos en lo militar, salieron victoriosos en la construcción de la libertad.

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