La feria y los libros

Aunque no padezco de demofobia, un trastorno de ansiedad que se caracteriza por el miedo a las multitudes o aglomeraciones de personas, suelo ser reacio a mezclarme con cantidades de gente, de ahí que acostumbro a visitar la feria del libro un solo día, y casi siempre por obligación, es decir, como invitado a una actividad en particular o para apoyar la puesta en circulación de una obra de un escritor conocido o amigo.

Hecha esta salvedad, muy personal, por cierto, siempre he creído que no está mal que los libros se conviertan en protagonistas de un evento multitudinario y que escritores reconocidos compartan con los lectores, y que haya muchas presentaciones relacionadas con el libro y la lectura.

Sin embargo, me parece que el exceso de actividades, sin una adecuada preparación previa, termina por desdibujar el propósito de acercar a los lectores y al público en general a los escritores, sobre todo cuando se trata de extranjeros que pueden ser muy conocidos internacionalmente pero muy poco leídos en nuestro país, lo que trae como consecuencia que haya muy poco público en algunas salas.

Si bien una feria del libro es una vidriera social que permite reunir a una enorme cantidad de gente durante varios días, la presencia de sitios dedicados a promocionar la actividad de dependencias estatales que poco tienen que ver con la escritura, a veces ni siquiera con la cultura, es otro despropósito.

Cabe rescatar que la presencia de cada país invitado, que permite un acercamiento a su cultura, a sus letras y a lo que cada uno de ellos considera digno de mostrar en una feria como esta es importante, por lo que implica como aproximación e integración cultural.

El gran problema para los que leemos mucho es que el apiñamiento de gente, el espacio tan reducido y el bullicio tan típico de los dominicanos impide acercarse debidamente a los libros, quita inclusive la posibilidad de hojearlos y leer la introducción, más bien parece una maratón en la que hay que avanzar y moverse, porque no hay espacio suficiente como para sentarse, aunque sea en el piso, a disfrutar de una breve lectura.

Ojalá en próximas ediciones la feria del libro se organice más como un acontecimiento cultural y literario que como un evento promocional destinado a resaltar cifras, y que difundir el hábito de leer sea el objetivo central de este evento.

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