Nuestro escaso desarrollo reedita un presidencialismo sui géneris, que más que un sistema políticamente organizado es una cultura que enseña que el Presidente de la República lo puede todo, ya que en un santiamén podría enriquecer a un pobre o empobrecer a un rico, y también puede instalar hoy el tema principal de la agenda nacional y sustituirlo mañana con un escándalo. Es un fenómeno social, pues por múltiples motivos el primer mandatario en países como el nuestro es casi omnipresente. Aunque pensar así no tiene “ciencia”. Un ejemplo: por aquello del pan y circo, a Abinader le hubiera convenido sacar al Licey del sótano y meterlo al round robin, porque sin el Glorioso en acción la semifinal será menos entretenida y bastante desabrida sin la feroz y titánica lucha Licey-Águilas.
