Los de más edad recordarán la milonga gaucha “Agua mama, agua tata” (¡Me muero tata¡- me dijo,/ me muero mama¡- gritaba./Tengo una sed de martirio,/ siento un fuego que me abrasa./, la que invocamos con nostalgia con la salvedad de que el agua cuando cae tenue y fina, es cosa de poesía. “Las gotas de lluvia besan la tierra murmurándole”, escribió Tagore, pero cuando es durante tantos días, pasa de inspiración a preocupación. Melissa ha sido de tal magnitud, que compensa toda la caída en mayo, aquella que se presume da buena suerte y que convida a mojarse en ella. Inclusive, sobrepasa juntas las de junio, julio, agosto y septiembre. Si acogemos la creencia de que los aguaceros bendicen cosechas, el vendaval que padecemos lo que ha hecho es maldecirlas.
