Una vez sentíamos orgullo por ser una nación libre y soberana, con himno y bandera propios, pero ahora quieren hacernos creer que “ná é ná”, y nos invitan a aceptar sin chistar lo que nos dictan desde fuera.
Abunda una miserable opinión: que es prioritario preservar la relación con el principal socio comercial, lo que se expresa sin ningún pudor, al colmo de que llega sin avisar a Punta Cana un Don Juan de los Palotes y nuestros funcionarios acuden presurosos a rendir pleitesía.
Llegará el día en que aparezca quien se atreva siquiera a sacar fuerza de flaqueza, no importa si se trata de EE.UU., y negocie y diga, con un dejo de dignidad: Está bien, acepto, pero al menos quítame el arancel del 10% que injustamente nos impusiste.
