Hasta desde lejos se observa la amplia sonrisa de satisfacción en el Palacio Nacional por la veloz aprobación del plan anticrisis, semejante a un misil hipersónico Oréshnik, lo que resucita la expresión: “el poder es para usarlo”. La mayoría de la gente no le paró bola y pareció entender que era la mejor salida, pero no estaría demás una sana advertencia: por haber engrasado la maquinaria y aplicar su mayoría mecánica en el Congreso, sin importar el qué dirán, late el peligro de que la rebosante alegría lleve a nuestros gobernantes a abrir las compuertas de la intolerancia, de falta de democracia y de transparencia.
Ojalá no anide en el ánimo del oficialismo, a partir de ahora, la determinación de hacer las cosas como quiera y por encima de cualquiera.
