A continuación un perfil de la figura camaleónica en política (favor no reducirla al tránsfuga, que no es lo mismo, aunque pertenece a esa familia): Tiene mucho de sinuosidad y de simulación. No pierde tiempo en malograr cualquier disidencia a su alrededor, pero se ufana de tener vocación democrática y solidaridad humana. Es como una buena ranchera mexicana, pues canta su pena y llora su alegría.
Confiado en la corta memoria del pueblo, critica desde la oposición lo que hace cuando es gobierno. Y es tan cara dura, que hace lo que dice que no está haciendo. Apena, proyectado al futuro, que ese tipo de espécimen proviene de una escuela de la que aprende también la nueva generación, por lo que abundan los políticos jóvenes con las mismas malas artes del político tradicional.
