El mayor peligro alrededor de lo que acontece en Oriente Medio es que el “pleito” comenzó no por falta de diálogo sino, extrañamente, por lo contrario. Se cumplió exactamente al revés lo que Tucídides desaconsejaba: “Actuar primero y esperar el desastre para hablar del problema”. Alguien jugó con cartas escondidas, y engañó al que confió en lo que predicó Napoleón: “En la guerra como en el amor, para acabar es necesario verse de cerca”. Desenfundar la daga antes de mostrar todas las cartas, es hacer trampa. La lección: No volver a jugar con quien en el lenguaje popular dominicano es un “rebucero”, individuo de tal calaña que ni siquiera pide volver a barajar, sino que voltea la mesa y pretende llevarse el total de lo que se apostaba.
