Pilatos tuvo miedo y condenó a Jesús a morir en la cruz. Al dejar que las masas escogieran al criminal Barrabás, Pilatos, facultado para liberar a Jesús, demostró debilidad y dejó para la Historia una triste lección, porque ese mismo miedo ha acompañado a gente que tiene la responsabilidad de dirigir y tomar decisiones importantes y no lo hace. Aquel “lavado de manos” se repite en gobernantes que posponen determinaciones y esquivan mortificar o contrariar a las muchedumbres o a sectores poderosos. Y junto a los Pilatos de este tiempo abundan los Judas y traidores capaces de vender hasta su alma. Tampoco falta, como indolente compañía de estos nefastos personajes, el que por miedo calla; con el mismo silencio que ha permitido escribir las páginas más horrorosas de la historia del mundo.
