No hay debates pero por lo bajo, quemando como candelita, a muchos dominicanos inquieta el campamento militar de EE. UU. instalado en el Aeropuerto Las Américas. El despliegue de aviones y de marines, fotografiados sonrientes en casas de campañas y en la pista de aterrizaje, al parecer era algo inevitable porque, se comenta, el gobierno no tenía escapatoria. ¿Cómo decir que no a Trump y su desenfado verbal? ¿Cómo decir que no al principal socio comercial? De todas maneras, no se justifica que el gobierno decida ser “operativo” en lo firmado con Pete Hegseth y convertirse en eslabón de una cadena, con aviones que aterrizan para repostar combustibles y que parten, algunos peligrosamente sin el transpondedor encendido, a alimentar aeronaves que aíslan a un país vecino y bombardean objetivos civiles.
