La dramática condición de la particular cuenca del río Tireo, ha sido tema recurrente de mis artículos y las últimas expresiones de su grito ambiental, me mueven a exponerlo nueva vez. No soy ecologista, ambientalista o técnico en esas artes de las especialidades del campo y lo hago como simple ciudadano con preocupación activa y viva voz. Cada vez que está peculiar vía de agua hace una creciente, y ocurre cada vez con más frecuencia e intensidad, pone de manifiesto las presiones a que está sometida su cuenca y la grave degradación, con lógica amenaza del sostenimiento de su estabilidad ecológica y su dificultad de servicios ambientales. Esta cuenca forma parte del sistema hidrográfico de la Cordillera Central, constituyendo parte esencial del suministro de agua potable, riego agrícola y de los ecosistemas naturales con influencia en Bonao y otros puntos. En las últimas décadas, a partir de la declaración de utilidad pública del ’78, de terrenos de montaña con ángulo pronunciado, para proyectos de Reforma Agraria, hoy inexistentes y en manos privadas, que dan origen a los terrenos que en la actualidad se dedican a la producción de papas y hortalizas. Este cambio de uso de suelo ha provocado una brutal condición de disminución dramática de la cobertura boscosa, con escasa intervención de los gobiernos y sus entidades, provocando que más del 40% del área de montaña se haya transformado, afecta la infiltración, la natural regulación hídrica y perturba las aguas nacientes en su cuenca alta. La longitud del río es de unos 15 km y su cuenca abarca unos 60.3 km2, con altura máxima de 2,200 mt sobre el mar, una altura mínima de 1,050 s.n.m. y una pendiente entre 7 y 10%, que desemboca en la Presa de Pinalito, descargando agua turbia, arena y lodo, pesticidas y mucha basura controlable. La tremenda erosión ocasionada por las lluvias, ante terrenos desnudos con pronunciada pendiente, arrastran enormes volúmenes de sedimentos hacia el cauce principal y sus afluentes, ocasionando llenado de canales de riego, pérdida de fertilidad de los suelos, deterioro de la calidad del agua y finalmente la sedimentación del embalse de Pinalito, adonde desembocan sus aguas La enorme contaminación con agroquímicos, fertilizantes y pesticidas sin ningún control técnico, contribuye a la contaminación de las aguas superficiales y subterráneas sumadas a las aguas residuales domésticas, sin tratar, con puntual participación de haitianos, que afectan la salud pública y la biodiversidad acuática. Una expansión urbana desordenada con asentamientos no planificados y la idea de que “lo del Estado es de quien lo cierre”, se establecen en los 30 metros que corresponden el río o muy cerca de sus riberas históricas, espacios que el Tireo reclama en cada crecida, y pone en riesgo vida y “mejoras”. Complejo problema que requiere el abordaje de múltiples instituciones y un verdadero proyecto de manejo, liderado por el Ayuntamiento de Tireo y su Alcalde, Paul Piña, a la cabeza.
