Las señales de lluvias intensas en Tireo, son motivo de extraña preocupación porque subyacen vivos recuerdos de imágenes terroríficas, de un hilo de agua lodosa convertido en rugiente destructiva, cargada de “terrenos licuados” y desechos plásticos, con fuerza demoledora, como reacciones de una naturaleza herida, con escasos dolientes de limitadísimo poder. Este río, de insoslayable importancia, es una muestra de la desidia y permisibilidad que nos caracteriza y dramatiza la porción rural de la geografía criolla. Hoy vivimos el abandono acumulado por decenios y el desenfoque de instituciones oficiales que no han actuado acorde con sus fines fundamentales y una sociedad de gritos cortos y sin ecos, más enfocada en la subsistencia y lo cotidiano que en el incierto futuro. Sociedad que muestra el peligroso hastío del que no le hacen caso. Se precisa un ente catalizador que provoque reacciones, iniciando con reunir los estudios dispersos y extraviados, sobre la cuenca del Río Tireo en todas sus vertientes: ambientales, sociales, técnicos, económicos, agrícolas y más, convocando a organismos, instituciones y personas que puedan contribuir a la conformación y existencia de un órgano dinámico que elabore y ponga en práctica una ruta crítica para el RESCATE de su cuenca. Este trabajo pudiera servir de guía para su aplicación en otras cuencas degradadas de la propia Constanza y en todo el país, con las experiencias vividas en este plan piloto, que trascienda gobiernos, dando continuidad a una guía de acción viable, al margen de influencias político-partidistas que desvíen su esencia y pueda superar la falta de gobernanza ambiental y de coordinación institucional crónicos. La extracción intensiva de agua para riego y uso doméstico, las consecuencias del innegable cambio climático y la brutal disminución de la cobertura forestal, han ocasionado una reducción del caudal base del río en la estación seca, afectando el equilibrio de los ecosistemas y la disponibilidad del agua para las comunidades en la cuenca media y baja. En el artículo anterior me atreví a proponer que fuera la alcaldía de Tireo que sirviera de coordinadora del Plan de Manejo de la Cuenca del Río Tireo, con Paul Piña, su alcalde, al frente, con la folclórica limitante de que no milita en el partido de gobierno, y eso se paga caro. Solo con una conjunción de instituciones del Estado, incluyendo a las Fuerzas Armadas, se puede pensar en el éxito de una iniciativa tan compleja y que colinde con tantos sectores e intereses. Aunque resulte paradójico, son los agricultores que han excedido sus límites y violentado leyes naturales y las criollas, quienes más se beneficiarían de un plan de este tipo, porque la otra cara de la moneda es la desertificación que hace improductivos sus terrenos. El río tiene propiedad legal de una franja de 30 metros a ambos lados de su imprecisa ribera, que es menester rescatar, se adecuen y sirvan de terrenos a reforestar con las especies que el plan defina y que restauren su capacidad hídrica. Los terrenos con un ángulo de más de 4° son inviables 0 para el tipo de cultivo de la zona y si es de 7 °a 15° debería sembrarse en terrazas y con alineación en sentido inverso a la pendiente, con maleza protectora entre parcelas, cosa que no ocurre y nadie supervisa. Hace falta más que acciones en medios de comunicación y declaraciones para dar sensación que se actúa. Son precisos cuantiosos recursos económicos y capacidad de decisión.
