Las festividades navideñas son tiempos para celebrar y los motivos suelen ser muy variados, están los que festejan que hace más de dos mil años nació en un humilde pesebre el hijo de Dios, otros le agregan a ese festejo el regreso de parientes lejanos que llegan con regalos y buenas noticias, y algunos celebran simplemente que todavía están vivos.
Para la mayoría de las personas es también un tiempo de balances, quizás no tanto en términos contables sino más bien en cuanto a los cambios experimentados a lo largo de un año y, como contraparte, se establecen propósitos para los próximos 365 días, mientras se intercambian saludos, augurios de buena fortuna, de salud y prosperidad para todos.
Los que pasamos una infancia relativamente normal, en un hogar creyente, revivimos algunos rituales que formaron parte de la niñez, un poco por nostalgia, un poco para crear en los niños recuerdos luminosos que tienen que ven con la fantasía que alumbró una etapa de la vida, cuando había que juntar la hierba que se comerían los renos y los camellos, y el agua que tenían que beberse, para dejar a cambio un juguete nuevo que recibíamos emocionados.
No está mal que alimentemos la imaginación de nuestros niños con esos rituales, porque simplemente estamos creando recuerdos felices y porque sabemos que la vida, de una manera o de otra, les propinará suficientes sinsabores a medida que crezcan.
El autor de estas líneas, hijo de un obrero de la construcción y de un ama de casa que transcurrieron toda su vida en la pobreza, tiene entre sus mejores recuerdos que pese a la humilde existencia en que creció, jamás faltó en sus zapatitos ni en los de sus hermanos un juguetito en cada Navidad y Reyes, y ya en la adolescencia, cuando la creencia en el Niño Dios y en los Reyes Magos había desaparecido, un libro o un voluminoso paquito de aventuras.
Festejar con moderación, reírse de la vida, celebrar la diversidad, abrazar a los amigos y desearles todo lo mejor, compartir con los seres queridos y, sobre todo, asumir que no se trata de “tirar la casa por la ventana”, es la mejor manera de pasar estos días, y trabajar por la paz, por encima de todo y pese a todo.
Felices Fiestas.
