Lo que el tiempo se llevó

Parafraseamos el título de aquel éxito cinematográfico dirigido por Víctor Fleming con la actuación del rudo Clark Gable y una nunca tan hermosa Vivien Leigh, no para hablar de cine, sino para viajar al pasado reciente, cuando la mayoría de nuestros barrios eran lugares donde todo el mundo conocía a todo el mundo, donde los chicos iban a una escuela cercana y el “pley” se armaba en cualquier baldío, ya sea para jugar al béisbol, al softbol o simplemente a la “vitilla”.

Las niñas tenían el juego de la rueda o rueda rueda, o improvisaban rondas con canciones como “el patio de mi casa, es muy particular, si llueve se moja como los demás”, el famosísimo “Arroz con leche” y su similar “La caraqueña”, había también un juego mixto llamado el “Sun Sun de la carabela”, el “Trúcano”, variante de la rayuela, y posiblemente el más fanmoso de todos, “El topao”, que tenía diferentes variantes en la capital y en los campos.

Hasta bien entrados los años ochenta estos juegos infantiles se transmitían de generación en generación y servían para que los chicos, que aún no habían sido absorbidos por las computadoras ni por el internet, cuando la televisión tampoco estaba presente en todas las casas, se divirtieran en su tiempo libre.

Muchos de estos juegos también estaban presentes en los patios escolares, en recreos siempre demasiado breves, cuando la campana o el timbre que marcaba el final desataba las corridas para llegar al aula.

Los varoncitos jugaban al trompo, y a medida que crecían llegaban a hacer verdaderas acrobacias con el hilo y ese trozo de madera que giraba sobre el piso de tierra.

Otro juego eminentemente masculino eran las canicas o bolitas, que podía terminar en peleas a trompones cuando alguno hacía trampa o simplemente no quería perder.

Primero la masificación de la tele que transmite las veinticuatro horas, y las computadoras después, han convertido en lejanos recuerdos estas actividades lúdicas, para acercarnos cada vez más a esa narración profética de Isaac Asimov en la que una niña del siglo XXII descubre que hubo una época en que los maestros eran personas, que los niños iban a la escuela todos juntos y regresaban caminando, cada cual a su casa, y piensa entonces “cuánto se habrán divertido”.

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