Los padres

Los que hemos crecido en familias tradicionales —padre, madre, hermanos— nos formamos bajo la influencia de un padre y de una madre, cuya sombra protectora se extiende en una dinámica de crianza que fue como la primera escuela en la que aprendimos a caminar, a hablar, a distinguir mínimamente lo que estaba bien de lo que estaba mal, según los criterios de los adultos.

El padre que me tocó era un hombre tosco, hijo de campesinos, formado en una rígida disciplina de trabajo y que supo transmitirme valores que, incluso a casi siete décadas de mi nacimiento, rigen mi conducta.

No fue fácil para él lidiar con un hijo que leía demasiado, cuando él no tuvo tiempo para asomarse a los libros porque ganarse el sustento era su prioridad, mucho menos cuando ese hijo contestatario, poeta, bohemio a su manera, terminó en la cárcel por militar en un movimiento político clandestino, pero en mi madurez, que era la vejez de él, ya rodeado de nietos, nos entendimos mejor y podíamos hablar de igual a igual.

De él heredé el gusto por el tango y por las letras melancólicas pero profundamente poéticas de Homero Manzi, de Cátulo Castillo y de Enrique Santos Discépolo, la “religión gardeliana” y el apego al trabajo, porque me enseñó a preparar mezcla, a mover arena, a acarrear cemento, a armar vigas y a usar la pala, y aunque ahora trabajo en una computadora toda esa experiencia me formó para ser quien soy.

De su ternura, porque pese a su tosquedad también la tenía, recibí cada tanto los pequeños regalos que iluminaron mi infancia, los caramelos de leche, los alfajores y los helados, la ropa nueva que era todo un acontecimiento y los juguetes que nunca faltaron en mis zapatitos en cada Navidad y Reyes.

Me tomó muchos años aprender a valorar lo que significaba para él cada uno de esos gestos y aunque lo disfruté durante más de cincuenta años no me resigno a su partida a destiempo, todavía extraño sus historias campesinas de aparecidos y fantasmas, sus recuerdos y sus chistes, su humor socarrón y su manera de reírse con los ojos.

En ese hombre que es en cierta medida responsable del padre que soy ahora, desde el niño que todavía me acompaña desde mi infancia, vaya mi homenaje a todos los padres en su día especial.

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