Entre las acepciones del verbo soñar que registra la Real Academia figuran: Representarse en la fantasía imágenes o sucesos mientras se duerme, o anhelar persistentemente algo.
El sueño ha sido motivo de estudio para los sicólogos y especialistas de la conducta, que todavía debaten si tiene relación con lo que la persona ha vivido en lo inmediato o si es un estado que nos retrotrae al ayer y nos enfrenta con nuestros temores más antiguos, lo cierto es que todo lo que se sabe es más teoría que certeza, y en esto entran los sueños premonitorios, que según algunos permiten a ciertas personas predecir el futuro, algo que la ciencia no acepta totalmente.
La palabra sueño equivale también a descanso. En el antiguo testamento Dios se comunicaba con los hombres cuando dormían, y se creía que el hecho de recibir revelaciones divinas en ese estado de semiconsciencia obedecía al poder que el creador tenía para penetrar en la mente humana.
Soñar despierto es, en cambio, anhelar, desear intensamente que algo se haga realidad; precisamente el predicador negro Martin Luther King solía comenzar sus discursos con la expresión I have a dream, (yo tengo un sueño) para predicar después su mensaje de lucha pacífica, su rechazo a la discriminación, sus críticas a un sistema social injusto.
Los jóvenes sueñan con el amor, con terminar una carrera, unos pocos sueñan con transformar la realidad mediante el trabajo pastoral o la militancia política, lo cual está bien cuando el motor de esos sueños son los ideales de paz, de justicia, de un mejor reparto de las riquezas, y cuando esos ideales se llevan a la práctica de manera pacífica, aunque implique desafiar normas establecidas y enfrentar intereses espurios.
Los poetas sueñan con despertar la magia dormida en las palabras, para transformar frases comunes en urdimbres de sonidos que adquieren un significado diferente cuando se distribuyen en estrofas y adquieren musicalidad propia.
Soñar es reaccionar contra la chatura de la realidad y creer que existe la posibilidad de crear algo mejor, que somos capaces de caminar hacia un futuro distinto, y convencernos, pese a todo, de que lo que está por venir siempre ha de ser mejor. Ejercer el derecho de soñar es la mejor manera de iluminar con esperanzas los tonos grises de la rutina cotidiana.
