Día de los hijos

Hay Día de las Madres y Día de los Padres. Debería estatuirse también el Día de los Hijos. Sería una celebración interesante. Los progenitores estarían comprometidos a regalar más y se esmerarían en enviar a su descendencia mensajes de amor y reflexiones para ser tomadas en cuenta. Yo escribiría lo siguiente.
“Amado retoño, te presento algunos pensamientos que podrían ser de utilidad en tu caminar por este mundo. Se basan en la experiencia y en el puro anhelo de que seas feliz, a sabiendas que mi mejor presentación contigo es mi ejemplo, lo que observas en mi cotidianidad, en el trato contigo y con los que me rodean.

Inicio expresándote que en la vida las victorias son circunstanciales y las derrotas fugaces. El poder, la gloria y la fama pasan, al igual que el fracaso, la tristeza y el dolor. Solo el cumplimiento del deber perdura como un tatuaje en el alma. La solidaridad nos hace trascender como personas. La felicidad consiste en hacer el bien. La paz es la auténtica riqueza y solo habita en un ambiente marcado por la responsabilidad, el trabajo, la honradez y la vocación de servicio.

Lee, estudia y observa, que el conocimiento nos hace libres y nos motiva a pensar con luz propia más allá de las apariencias. Ama la patria, la familia, al ser humano; no te enfoques en lo material, que el valor de las cosas es proporcional al uso que le damos; respeta a los mayores, al medio ambiente, protege a la madre tierra y a todo lo que vive en ella.

Aprende a guardar silencio cuando es debido. La razón, para ser eficaz, debe externarse en el momento preciso, sin precipitaciones, pero con seguridad y valentía.

Toma decisiones, no te duermas, que vivir es decidir. Y, algo esencial, ten siempre fe en Dios. Sé tolerante. Evita juzgar. Valora la sencillez como una virtud que engrandece. Todo es más simple de la cuenta y danzamos al compás de risas y llantos, de amores y sinsabores, de ilusiones y realidades.

Asume grandes y nobles metas, porque nadie se eleva más allá de lo que aspira. Cada acto de tu existencia analízalo con el corazón y la cabeza. Con el corazón, para sentir que respiras y que puedes lograr lo que te propongas, siempre de buena fe; y con la cabeza, analizando seriamente cada paso que des, ajeno de emociones dañinas.

Haz lo correcto. Llévate de tu conciencia si dudas. Mientras más definidos tengas tus principios, mejor. Las buenas acciones son inmortales y son la mejor herencia que puedes dejar por igual a tus hijos, a quienes en su momento le escribirás como hago contigo”.

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