Una notoria característica de nuestra personalidad dominicana, es la frecuente existencia de personas incapaces de seguir instrucciones y aunque no soy sociólogo, ni sicólogo ni especialista en la conducta humana, soy en sí un inquieto por los atributos que definen las características del criollo. Todo esto motivado por una experiencia reciente, en los trámites de renovación de la visa americana y su nuevo modelo de un contratista intermediario entre oficinas del Consulado y los solicitantes criollos. Se insiste, continuamente en la fila de ingreso, en que apaguen los celulares por requerimientos de la empresa o de los oficiales migratorios americanos y que, con extraña frecuencia en el punto de verificación, devuelven personas a apagarlos y hacer de nuevo la fila, a manera de sanción. El 100% correspondió a mujeres.
Cuando se trata de instrucciones escritas, por ejemplo, en un examen, puede entenderse que haya dificultades para controlar impulsos y mantener la atención, un aprendizaje deficiente de la obediencia racional porque la tendencia nacional es a educar en obedecer sin entender, lo que ocasiona resistencia pasiva o rebeldía. Puede tratarse de un déficit de comprensión lectora, común en nuestra educación primaria, con énfasis en la educación pública y que ha llevado a megaproyectos de lecto-escritura con resultados aún por medir. El déficit nacional de comprensión de la lectura puede ser tan grave como que menos del 30% de los alumnos, comprenden lo que leen. En los trabajos para enseñar a seguir instrucciones se entiende que puede tratarse de una falta de sentido de propósito o de consecuencias en no seguir instrucciones, lo que ocasiona una baja motivación. Nuestra cultura de “yo sé”, parte de una sociedad que valora más la astucia o la improvisación que la disciplina. Esto en contraposición de una sociedad también obligada a la obediencia ciega y a la línea de mando militar, que no da espacio al razonar porque se trata de “órdenes superiores”. Entiendo que en la educación inicial y primaria aprendan a entender el propósito y la razón detrás de una instrucción, que es lo que debe producir una actitud de cooperación. Los docentes deben explicar, para conseguir practicar una instrucción clara y modelada: demostrar, guiar, dejar practicar y luego retroalimentar a los niños en formación primaria. Hay juegos que mejoran la concentración, la atención y la memoria de trabajo, el autocontrol y que enseñan a seguir una secuencia como el Simon. Creo, sin equivocarme, que la educación siguiendo instrucciones claras no es sumisión sino coordinación social para lograr fines comunes. Conozco de una experiencia local de un examen escrito entre adultos, cuya instrucción indicaba leer el examen completo antes de pretender escribir respuestas. Al final solo había que firmar y entregar y únicamente 2, de más de 25, entregaron el examen y salieron del salón según indicaban las instrucciones. La clave no es enseñar obediencia ciega sino disciplina inteligente que se consigue combinando autocontrol y sentido de pertenencia.
