En este mes de febrero se cumplen 50 años del desembarco de Playa Caracoles encabezado por el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó y ocho compañeros, quienes vinieron a intentar desarrollar un foco guerrillero para derrocar el gobierno balaguerista. Esa acción temeraria e inexplicable para muchos, terminó en un fracaso total y trajo como resultado el fusilamiento sumario del coronel Caamaño y la muerte de cinco de sus acompañantes.

Para muchos analistas e historiadores resulta difícil entender el hecho de que el comandante y líder de la revolución de abril de 1965, que dirigió a un pueblo en contra de la segunda intervención militar de Estados Unidos, asumiera la aventura de desembarcar con solo 8 hombres, sin contar con una organización política en el país que le sirviera de apoyo y sin prácticamente conocer el terreno donde se iban a desenvolver. Y más aún cuando hacía solo un año, en enero de 1972, se produjo la eliminación por parte de las fuerzas militares balagueristas de Amaury Germán Aristy y tres de los líderes principales de los Comandos de la Resistencia, antiguos Palmeros, que era el grupo de apoyo táctico de Caamaño en el país.

Es de conocimiento amplio que entre Amaury y Caamaño se presentaron diferencias en cuanto a la visión estratégica de la lucha revolucionaria. Y también es conocido el hecho de que agentes de la CIA fueron infiltrados en el movimiento de Caamaño en Cuba, y lo llevaron a asumir posiciones incorrectas en cuanto a la relación con Amaury y los Comandos de la Resistencia . De manera particular he afirmado que la acción de Caamaño en febrero de 1973 es una forma de reivindicarse ante la visión errónea que manejó sobre Amaury y sus compañeros. Como ser humano al fin, Caamaño no era perfecto, también se equivocaba. Sin embargo, a pesar de ese grave error cometido con el desembarco de Playa Caracoles, el ejemplo y la dimensión patriótica de Caamaño no disminuyen, sino que alcanzan niveles muy altos. Y nada ni nadie puede subestimarlo ni borrarlo. No hay duda de que su heroísmo y dignidad durante la revolución de abril de 1965 alcanzaron niveles de antología.

Los hechos así lo demuestran. Por su heroísmo y compromiso con la soberanía nacional, en plena guerra de abril fue designado presidente constitucional de la República Dominicana por el Congreso, contando con tan solo 32 años de edad. Caamaño es el presidente número 45 de la historia dominicana. Gobernó desde el 4 de mayo al 3 de septiembre de 1965 y aunque no tuvo jurisdicción sobre todo el territorio dominicano, gozó de la simpatía de las masas democráticas, y encabezó con gallardía y decoro el Gobierno en armas que defendía no solo la Constitución de 1963, sino también la soberanía nacional.
A pesar de ser parte de una familia trujillista, de haber dirigido a los temibles “cascos blancos” que reprimieron muchas manifestaciones, Caamaño se convirtió en un héroe nacional por enfrentar con bravura de leyenda y alto sentido patriótico, la segunda intervención militar a la nación dominicana, ordenada por el gobierno de los Estados Unidos con la finalidad de detener el triunfo de las fuerzas constitucionalistas.

Después de haber encabezado al pueblo dominicano en la guerra de Abril de 1965, Caamaño fue enviado como Agregado Militar a Londres, Inglaterra. En 1967 renunció de esa posición y se fue a Cuba a preparar la guerrilla que desembarcó en la República Dominicana el 3 de febrero de 1973, intentando derrocar el Gobierno del doctor Joaquín Balaguer.

En 1965, el coronel Caamaño dirigió al pueblo dominicano en contra de una intervención militar del ejército más poderoso del mundo. Y ese ejército no pudo vencerlo y tuvo que pactar un acuerdo. Empero, por esas ironías de la historia, en 1973 Caamaño dirigió una guerrilla con solo ocho hombres. No logró coordinar apoyo logístico ni en el pueblo, ni en el campo, ni con las fuerzas políticas internas opositoras al balaguerismo, y en menos de dos semanas, esa guerrilla fue derrotada por el Ejército. El heroico coronel Caamaño fue atrapado vivo y fusilado sumariamente el 16 de febrero de 1973 en las montañas del paraje Nizaito, provincia San José de Ocoa.

Hoy rendimos honores a Francisco Alberto Caamaño Deñó, el glorioso coronel de Abril, el presidente constitucional de la República, el guerrillero heroico de Playa Caracoles y el héroe nacional, que en todo momento luchó por la libertad, la soberanía y las mejores causas del pueblo dominicano.

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