¡Dios, cuanta saña!

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Con motivo de los apresamientos y juicio para aplicar las medidas de coerción a los detenidos por presuntos actos de corrupción en el gobierno pasado, afloran a nosotros tantas y encontradas emociones: primero, la sorpresa por la cantidad y las formas y abuso para hacer daño; el pueblo intuía y tomaba cuentas de lo que ocurría, pero no sabía la magnitud; luego de la sorpresa viene el desconcierto, la impotencia, la rabia, indignación y el reclamo de justicia.

Es que actuaron como si no fueran dominicanos, no hubo consideración ni respeto para el desvalido pueblo; ver las sumas obscenas que manejaron familiares muy cercanos a la cúpula del poder en altas posiciones del gobierno; transgrediendo las normas que prohíben el nepotismo, que les permitió amasar grandes fortunas en pocos años, a costa del bienestar y los intereses más esenciales del dominicano.

El dinero sustraído es sinceramente vergonzante, dejar los hospitales sin las medicinas y equipos necesarios para dar servicio a los pobres y destruidos, dizque para remodelaciones, las que han tardado el doble del tiempo estimado de entrega y cuya entrega de los ya “terminados “ ha sido una estafa, con adendas a los contratos quintuplicados en su valor original; dejar las boticas populares carenciadas hasta de aspirinas, muchas de ellas cerradas, las escuelas sin baños ni pupitres, útiles escolares; los campos destruidos y abandonados, equipos y maquinarias de uso oficial en manos de particulares, los contrabandos de productos y frutos, cultivables en el país, con el consiguiente descalabro de los productores criollos; compra urgente de medicinas realmente inútiles y vencidas , engaño en concursos de venta al Estado, violación flagrante a la Ley #340-06 de Compras y Contrataciones de Bienes y Servicios de la Administración Pública del Estado.

Los hoy imputados tocaron y acabaron con todo lo relacionado con el Estado / vale decir con los dominicanos, es que aparte del daño material que ocasiona la corrupción, está el daño moral y psicológico que causa en el pueblo por la impotencia que genera y aquí relato una anécdota personal: el Sr. vendutero al que compro frutas y vegetales me dice: doña para qué trabajar honestamente en éste país? Mire cómo vivo yo, matándome trabajando y apenas gano para mantenerme junto a mi familia, Y aunque lo animé y traté de consolar y claro, no se lo dije, pero en el hondo de mi alma, le di la razón.

Cuánta imaginación para hacer maldad, para malversar, solo faltó que nos robaran el aire, el oxígeno que respiramos, que si pudiera envasarse, lo hubieran vendido en botellitas como el agua
Con razón le llaman el “pulpo” porque sus tentáculos abarcaron todos los estamentos del Gobierno donde se mueve el dinero; destruyeron nuestros bosques, ríos, sus piedras y cascajo, hasta la arena de la playa en algunos sitios (ejemplo, Playa Grande en Río San Juan) la vendieron, se apropiaron de terrenos, solares, empresas, medicinas, útiles escolares, mochilas (recuerdan lo que hizo la famosa hermana del Presidente? ¿¡Cómo olvidarlo!? La opulencia y ostentación exhibida por su hermano, hoy principal inculpado ante la justicia, cual dios del Olimpo, parecía intocable y superior a todos. Y así el culpable mayor y Presidente de ésta pobre Republica, burlándose de nuestra inteligencia, dice que no sabía que sus “famosos” hermanos, sobrinos, cuñados, familia de la esposa, etc. etc. hacían tales desmanes.

¡No tienen perdón de dios ni de nosotros los dominicanos!
Confiamos en nuestra nueva justicia (no la maleada por él) y damos irrestricto apoyo a la Procuradora Gral., Miriam German Brito, Procuradora Fiscal Yenni Berenice, Dr Camacho y todos sus preparados, jóvenes e inteligentes ayudantes.

¡Atrás la impunidad! Presidio a todos, e incautación de los bienes robados!

“En espera de aquél minuto inevitable, para el cual estamos todos convocados”

¡Qué viva nuestra Patria, tantas veces mancillada, pero jamás vencida!!l

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