El plástico es uno de los tantos derivados del petróleo que, al principio, por su bajo costo y fácil manejo, fue reemplazando a otros materiales más pesados, como las tuberías de plomo o de bronce para el agua corriente, por ejemplo, pero también es altamente contaminante, sobre todo el polietileno, con el que se fabrican las bolsas o fundas que todos los comercios utilizan para empacar sus productos.

El 3 de julio de cada año se celebra el Día Internacional Libre de Bolsas de Plástico, cuyo objetivo es reducir el uso de las fundas desechables por el daño que causan al medio ambiente y a los seres vivos.

Precisamente el problema es que estas fundas se tiran sin ningún cuidado y terminan generalmente bajo tierra o casi siempre en cañadas, en cursos de agua y finalmente en el mar, donde atentan contra la vida marina, o en los desagües, donde impiden el drenaje y causan inundaciones cada vez que llueve.

En el mundo se fabrica más de un billón de estas bolsas cada año y el efecto de contaminación que generan es tan grave que en los océanos hay verdaderas islas de este material, pero también, por tratarse de un polímero, cuando se descompone genera partículas conocidas como microplásticos, que son igualmente nocivas para los ecosistemas y para la salud humana.

En nuestro país las fundas plásticas aparecen tiradas por todas partes, sea en la ciudad o en los campos y, por supuesto, en el mar, pese a los operativos de limpieza que cada tanto se implementan, y aunque desde 2002 se ha comenzado a prohibir su uso –Bangladesh fue el primer país- entre nosotros todos los intentos para erradicarlas resultan vanos.

En esta jornada, y el resto del año, lo ideal sería reducir el uso del plástico, se podría empezar por llevar al supermercado fundas de tela o cajas de cartón para cargar las compras, no usar vasos desechables ni de foam, y preferir refrescos y bebidas en botellas de vidrio.

También habría que generar conciencia, desde la escuela y en todos los ámbitos, sobre la tremenda dificultad que representan para el medio ambiente y exigir una legislación que regule o prohíba su uso.

Sería al menos una pequeña contribución que como ciudadanos podemos hacer para dejarles a las futuras generaciones un medio ambiente menos contaminado y un mundo más habitable.

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