Orgullosos con el desempeño

El poder dominicano rompió récords
El poder dominicano rompió récords

El seleccionado de béisbol dominicano, dirigido por la estrella Albert Pujols, desarrolló una dignísima participación en el clásico mundial de esa disciplina, que para cada criollo y para cada descendiente de criollos, aunque haya visto la luz en otras tierras, es nuestro deporte rey.

Vivimos en un país multicultural, con una diáspora distribuida por todo el mundo, hasta los más recónditos lugares del planeta, y figuramos entre las más importantes canteras de peloteros de las Grandes Ligas y de otras partes del mundo, lo que nos llena de orgullo porque aquí se forman peloteros de enorme valía.

En esta ocasión el equipo dominicano entró al Clásico Mundial con la frente en alto y con la presencia de los que pisan terreno conocido, y el desempeño fue inmejorable hasta la noche del pasado domingo, cuando la escuadra quisqueyana cayó ante la de Estados Unidos por dos carreras a una, en una actuación en la que puso todo cuanto había que poner sobre el diamante.

Un viejo adagio archiconocido por los aficionados dice: “La pelota es redonda, pero viene en caja cuadrada”, lo que pretende describir, más que explicar, la falta de lógica que existe cuando una novena que tiene todo para ganar es superada por la mínima diferencia.

Seguramente el resultado desatará en los próximos días, en medio de la calma melancólica que generan las derrotas, los más sesudos análisis sobre el desempeño de cada pelotero, sobre los cambios que el técnico pudo haber hecho y no hizo, hasta que nuevas competencias acaparen la atención de los fanáticos y este fracaso se convierta en noticia vieja.

Una derrota no implica la pérdida de la guerra cuando la tácita promesa de revancha queda en pie, así que solo resta felicitar a nuestros muchachos, que transpiraron la camiseta, que pusieron en el campo de juego lo que hay que poner y más de ahí, y aunque esta vez no alcanzó, la dignidad con que afrontaron el revés es suficiente para felicitarlos, darles el más emocionado abrazo y alentarlos con el augurio de que “la próxima será mejor”.

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