Venezuela y el juego geopolítico

Si fuera cierto que el pueblo se salva a sí mismo, como decía Machado, para los hermanos venezolanos estaría lejana esa posibilidad

“Solo el pueblo salva al pueblo” es un viejo lema atribuido a Antonio Machado en el contexto de la Guerra Civil española, pero que aparentemente no pierde vigencia porque se asocia a la democracia y a la legitimidad de los gobiernos, porque la voluntad popular es soberana.

Nos llega a la mente porque si fuera cierto que el pueblo se salva a sí mismo, para los hermanos venezolanos, tanto los que viven en el suelo natal como los que residen en el exterior, estaría lejana esa posibilidad de “salvarse”.

Esto porque aparentemente la decisión sobre su destino no está en sus manos ni depende de su voluntad, sino de los vaivenes e intereses geopolíticos, como se pudo comprobar este fin de semana.

Estados Unidos, por boca de su secretario de Estado, radicaliza el discurso de que Maduro es un dictador al servicio de los carteles de la droga y que sojuzga al pueblo, pero concomitantemente su gobierno lo oxigena al extenderle el contrato de la estadounidense Chevron.

O sea, mientras por un lado se condena a Maduro como cabeza “de una organización narcoterrorista que se ha apoderado de un país”, por otro le garantizan la mayor fuente de ingresos en dólares.

Lo mismo sucedió a principio de este año, mientras Marco Rubio denunciaba a Maduro como dictador “enemigo de la humanidad”, y Richard Grenell, enviado especial de Donald Trump, se encontraba negociando en Venezuela.

Ahora es posible que la desilusión de los venezolanos que residen fuera resulte mayor, porque según la agencia Reuters, Washington autorizaría a la estatal PDVSA a tratar con empresas europeas para que operen en la nación suramericana.

Los venezolanos que han apostado y tienen como aliado fundamental a Estados Unidos para “salir” de Maduro, son víctimas de un rejuego conveniente de intereses económicos y geopolíticos, en el que sus deseos no cuentan.

Lo único que se ha logrado desde febrero cuando Marco Rubio estuvo en República Dominicana, es observar, desde las gradas, a Maduro consolidarse y con cada vez menos oposición interna, mientras EE. UU. tiene ya a sus ciudadanos que estaban en cárceles venezolanas y el petróleo, prioridad de Trump, sigue fluyendo a borbotones.

Hay que sincerar esa discusión y discriminar bien entre posibles aliados, porque lo que menos se ve es a un pueblo que esté luchando para “salvarse”.

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