El político del montón

Si usted fuera del montón, sería uno más entre la multitud, alguien sin utilidad, que solo serviría para estadísticas, no crearía nada, dejaría todo igual como lo encontró; ahora bien, si usted además fuera político y dirige personas o instituciones públicas causaría mucho daño a la sociedad y al partido o gobierno que representa.
Criticamos, como es natural, al que toma lo ajeno y al mentiroso; pero si quien hurta o habla embustes es político (es del montón), lo consideramos menos grave, y para muchos, hasta graciosa y justificable. Es triste.

Haga la prueba: solicite un favor a un político del montón. Si responde “sí”, es que quizás le cumplirá; si dice “tal vez”, olvídese del asunto, que la palabra es “no”; y si contesta “no”, es que no es político del montón.

El político del montón es sinónimo de falsedad. Uno sincero difícilmente llega a la cúspide. Y eso lo vemos con una normalidad espantosa, hasta el punto de que no pocos prefieren al político que engañe que al que exprese la verdad.

El político del montón tiene carta de inmunidad. Todo le luce. Todo se le disculpa. Todo se le aplaude. Es el héroe, el protagonista de la película, aunque haga el papel del malo y probablemente por ser malo es el protagonista.

El político del montón, no es sabio, es sabichoso y suple su falta de conocimientos con la viveza. Guarda silencio para aparentar que sabe. Inventa historias para convencer a los incautos.

El político del montón que generalmente triunfa anda amarrando reuniones, maquinando 24 horas al día y tirando zancadillas. El que trabaja en favor de la comunidad pierde espacio en el partido y le cierran puertas.

Ser político del montón es no caer en ganchos, declarar con evasivas, no comprometerse con nada ni nadie, hablar dependiendo del auditorio, tocar la forma de los problemas y no el fondo, ser un perfecto camaleón, hacer todo para beneficio propio. Ser político del montón es aprovecharse de las circunstancias, y estar y salir bien parado, que no necesariamente es proceder correctamente.

Ojalá llegue el día en que nuestro pueblo no considere que existe una ética diferente para los políticos que les perdona lo mal hecho. Y que los políticos de montón, principales responsables de nuestro subdesarrollo, cada día sean menos y que cuando nos refiramos a los del montón, entonces sean la mayoría, honestos, trabajadores, capacitados y con vocación de servicio.

Los políticos del montón están en todos los partidos. ¿Podemos tener esperanza de que en los próximos años la mayoría de nuestros políticos sientan de corazón y actúen responsablemente cuando digan “sí”, “tal vez” y “no”?

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