Existen 2 Repúblicas Dominicanas: la de mapas, provincias, frontera, presidente, escuelas, hospitales, oficinas públicas y mucho más y la otra que no aparece en mapas, porque sus caminos son de monte, sus habitantes salen de noche y sus documentos fueron escritos en la memoria de nuestros abuelos. El imaginario rural criollo ha producido tres personajes que viven en la siquis nacional, aunque la idea de ellos no es uniforme: La Ciguapa, que representa el misterio de la naturaleza, en forma de mujer; El galipote, la transformación y el poder sobrenatural; el bacá que introduce la relación entre riqueza, codicia, pacto y culpa. Forman una especie de trilogía profana de ese imaginario rural. Porque aquí cuando la ciencia no tenía respuestas el dominicano tenía un cuento y si el cuento tampoco resolvía el asunto, aparecía un “miterio”. La ciguapa era quizás la más hermosa criatura de aquel universo fantástico. Mujer de largos cabellos, de cautivante canto, habitante de montañas, y “montes”, caminaba con los pies al revés como si la naturaleza le hubiera puesto una trampa a quien pretendiera seguir sus huellas. No precisaba de recursos modernos de lo digital para convertirse en leyenda. Bastaba que alguien dijera: “yo conoco a uno que la ha vito” y esa expresión fue la universidad nacional de lo inexplicable. Nadie sabía adonde vivía, pero siempre aparecía alguien que conocía la montaña adonde se escondía y aseguraba haber escuchado su canto. La ciguapa pertenece al monte, el galipote al miedo, ya que no es simplemente una criatura sobrenatural. Era posibilidad de que un hombre pudiera convertirse en otra cosa: en perro, en caballo, ave o cualquier animal que permitiera andar por los caminos, sin que nadie supiera quién era. Era, en cierto modo, la sospecha hecha criatura. En nuestros campos bastaba que alguien tuviera una conducta extraña, caminara demasiado de noche, no saludara o apareciera con una fortuna que no se pudiera explicar, y ahí empiezan las conjeturas. Ese tipo “e raro”. El dominicano nunca ha sido muy amigo de los vacíos explicativos. En algunos parajes ese galipote protegía conucos especialmente de noche cuando “to lo gato son prieto”. Cuando no sabemos de donde salió el dinero, aparece el Bacá y aquí nos adentramos adonde la superstición deja de ser simplemente miedo y se convierte en explicación moral. El bacá está asociado en la tradición popular a pactos sobrenaturales y con riqueza obtenida de manera misteriosa. Hoy son declaraciones patrimoniales, empresas, contratos y antes nos preguntábamos: “¿y no tendrá un bacá? No hemos cambiado tanto. Es el vocabulario el que ha variado. Si se escuchaba un ruido raro en el monte, había una explicación, si alguien desaparecía, si había cambios de conducta, si una riqueza inexplicable. Así construimos una geografía invisible cuando en los caminos había aparecidos, los ríos tenían misterios, las montañas ciguapas, las noches galipotes y algunas riquezas, bacáces. El país visible comenzaba adonde terminaba la imaginación.
