Imagen y poesía en César Vallejo

No creo que la imagen más divulgada de Vallejo sea el dibujo que hiciera Picasso para la revista “Nuestra España” (París), “a dos meses de su muerte”, en 1938. Como afirma Víctor de Lama en la Introducción a la “Antología Poética”, Biblioteca Edaf, 1999. Si bien el dibujo contiene todos los rasgos de su carácter, opino que la imagen “icónica” del vate peruano es otra. En ella está sentado, de frente y con una leve inclinación hacia la derecha. El codo derecho descansa sobre un bastón y el mentón apoyado en la palma de la mano. La mano izquierda agarra el bastón por el mango y en el dedo mayor un anillo con una gran perla, seguro falsa. El ceño fruncido y la mirada lejana, el pelo negro totalmente peinado hacia atrás deja ver una amplia frente. El traje parece gris y algo cuidado, quizás con leves rayas –la foto es blanco y negro-. Sin dudas, es un hombre “triste, angustiado e inseguro”, y quizás tímido y retraído.

Aunque, personalmente, la imagen que más me gusta es otra. Tomada en un banco, en una acera bien amplia, quizás un parque, desde el ángulo izquierdo. El poeta tiene las piernas cruzadas, la izquierda sobre la derecha, las manos descansan sobre estas, agarradas. Seguro el mismo traje, la mirada lejos y el gesto triste y solitario: esa imagen es un hombre. Ciro Alegría, quien fuera alumno del poeta con unos siete años de edad, escribió que: “De todo su ser fluía una gran tristeza. Nunca he visto un hombre que pareciera más triste. Su dolor era a la vez una secreta y ostensible condición…”.(pág. 12).

Vallejo murió joven, apenas 46 años, el 15 de abril de 1938, de “una enfermedad que los médicos no saben diagnosticar” (pág. 58). Pero antes dejó una perdurable obra poética que inicia con la impresión (1918) y distribución de “Los heraldos negros”, en 1919. El libro, formado por 69 poemas “muy heterogéneos, tanto temática como métricamente”, “tiene resonancias modernistas, pero asoman ya unos acentos personales inconfundibles” (pág. 23).

“Hay golpes en la vida, tan fuertes...Yo no sé! // Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, // la resaca de todo lo sufrido // se empozara en el alma…Yo no sé!”. (Los Heraldos Negros).

Fue inmenso poeta, inventó palabras o las usaba con un significado antiguo y profundo. “Trilce”, otro de sus libros de poemas, es la combinación de las palabras Triste y Dulce” y los “Poemas Humanos”, publicados póstumamente en 1939, le aseguraron un lugar prominente en la poesía hispana.

Tuvo una vida agitada, impartió clases, estuvo en la cárcel, leyó a profundidad obras marxistas, vistió Rusia, estuvo con varias compañeras, enfermó. Vivió en España e ingreso incluso en el Partido Comunista español. Murió en París.

Había nacido el 16 de marzo de 1892, en Perú, hace 125 años. En su poema “Espergesia”, nos dice: “Yo nací un día // que Dios estuvo enfermo”.

Siempre es bueno releer a Vallejo.

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