Ningún país ha sentado las bases firmes del desarrollo, sin una participación activa y decidida de sus sectores productivos. Sus opiniones son de indiscutible valor para la formulación de las políticas económicas y la toma de decisiones especialmente en periodos electorales en los que se apuesta erróneamente al fracaso del gobierno para escalar el poder.
Son muchos los desafíos y más las dificultades a las que tendremos que hacer frente como nación en lo inmediato y en el futuro cercano. Un conjunto de factores externos, ajenos a nuestros deseos y voluntades más los problemas por todos conocidos en la economía nacional, harán necesarias medidas y políticas dirigidas a aumentar los niveles de productividad, eliminando así el exceso de burocratismo que afecta el clima de libertad de empresa. Ese parece el camino más corto, seguro y, sobre todo, el modo menos costoso, para enfrentar los vientos que en situaciones de incertidumbre en el ámbito internacional pudieran amenazar nuestra estabilidad económica.
Las opiniones de los sectores productivos, grandes, medianos y pequeños, sobre los problemas de la economía, suelen ser muchas veces más realistas pues resultan los más afectados en los casos de políticas reñidas con las condiciones o posibilidades existentes. No puede hablarse de progreso de un país si esos sectores quedan marginados de las grandes decisiones. La experiencia nos indica que a pesar de Los dominicanos hemos superado sin traumas mayores procesos electorales que en el pasado pudieron conducirnos a graves enfrentamientos que felizmente no ocurrieron. Una agenda conjunta de trabajo, en la cual laboren el gobierno puede ser un buen punto de partida para un gran pacto nacional por la competitividad y el desarrollo.
