Para los dominicanos fue la Guerra por la Restauración de la República y para los españoles y el resto del mundo, la Guerra de Santo Domingo. Para nosotros fue la recuperación de la soberanía nacional, dando lugar al nacimiento de la Segunda República. Fue también el reforzamiento de la identidad nacional y muchos que inicialmente apoyaron a Pedro Santana en su anexión, terminaron luchando por la patria, con un altísimo costo social y económico, con miles de muertos, heridos y mutilados y con severos daños en la infraestructura y la economía nacional. Fue una señal al concierto de naciones de que los dominicanos podían defender solos su independencia y se consolidaba como un estado libre y soberano.
Significó la muerte de la Provincia Ultramarina de Santo Domingo. La guerra de guerrillas, asumida por los dominicanos a machete, fusiles viejos, dominio de la montería y un extraordinario valor y arrojo, demostraron las dificultades para luchar en el terreno hostil y en una guerra que la superioridad en equipamiento y preparación, no fueron suficientes para triunfar. Para España fue su gran fracaso colonial, un costoso desastre político y económico para sus gobernantes, la pérdida de miles de soldados en su intento de repetir las experiencias de Cuba y Puerto Rico, con clara señal de un poder menguado. Duro revés para la monarquía y la impopular guerra fue quizás el más alto precio pagado por Isabel II de España, quien 3 años más tarde tuvo que abandonar el trono y asilarse en Francia. Tan temprano como febrero de 1863 el comandante Cayetano Velázquez, al mando de 150 hombres, asaltó el pueblo de Neiba e hizo preso al comandante español, aunque fracasó por falta de preparación militar, en una acción desconectada de los tabaqueros del Cibao. Tras el Grito de Capotillo se multiplicaron las acciones bélicas y hostigamientos al ejército español. Las luchas internas de los sublevados se acentuaron cuando Jose Ant. (Pepillo) Salcedo Ramírez, autoproclamado primer presidente de la República rebelde, intentó negociar con el Gral. La Gándara y este indicó que no tenía facultades para una rendición y retiro. Gaspar Polanco Borbón, genio militar, analfabeto, aunque sabía firmar, y un grupo que incluía a Gregorio Luperón lo depusieron cuando propuso traer a Buenaventura Báez del exilio, enemigo de todos los rebeldes. Lo enviaron preso con Luperón, su archienemigo, a Haití, adonde un General haitiano se negó a recibirlo como asilado. Fue llevado a Montecristi y luego a Puerto Plata adonde fue fusilado en la playa de Maimón por orden del propio Polanco. Antes de su puesta ante el paredón entregó sus pertenencias personales y mensajes a su esposa, a un soldado que resultó ser Ulises Hereaux (Lilís). Gaspar Polanco asumió la presidencia y fue derrocado por sus intentos de beneficios con el tabaco. Murió de tétanos en La Vega en noviembre de 1867.
