A propósito del estudio sobre abstención electoral presentado por la Junta Central Electoral, sorpresivamente vemos decenas de expertos en abstencionismo, que se apresuran a explicarnos las más variadas hipótesis. A la par surgen otras interpretaciones: si se trata de apatía, de un problema etario o de una generación frustrada. En fin, hay tanto que estudiar en política.
Mientras reposaba la lectura del informe me encontré con una nota en The New York Times que cuenta la historia de Dean Roy, un adolescente de 15 años, que cursa la secundaria y que a pesar de no tener edad para votar en noviembre aparecerá en la boleta electoral como candidato a gobernador de Vermont.
La Constitución de su estado exige cuatro años de residencia para ser gobernador, pero no establece edad mínima para optar por el cargo. Para votar, en cambio, hay que haber cumplido 18 años. Es decir, Dean puede pedirles a otros que voten por él, pero todavía no puede hacerlo por sí mismo.
La anécdota podría quedarse como una curiosidad electoral norteamericana. Pero provoca una pregunta: ¿por qué la relación de los jóvenes con la política puede ser tan distinta dependiendo del lugar donde viven?
Aunque la explicación jurídica de su caso está en una de esas particularidades constitucionales, también nos recuerda hasta qué punto la política depende del territorio. La política también tiene geografía. Hace más de un siglo, André Siegfried, pionero de la sociología electoral, hablaba de “regiones políticas” y “climas políticos”. El territorio modela culturas políticas, formas de participación y la relación de los ciudadanos con las instituciones.
En muchos países ocurre algo muy distinto a lo que representa el muchacho de Vermont. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), los jóvenes de 18 a 29 años participan menos en actividades políticas formales y, en elecciones nacionales, la diferencia respecto de los mayores de 50 alcanza 21 puntos porcentuales. Sin embargo, participan más en manifestaciones y expresan con mayor frecuencia posiciones políticas en redes sociales. Quizás hemos llamado apatía a algo bastante más complejo.
Pero volvamos al Caribe. El estudio presentado por la JCE/IIDH-CAPEL cuestiona que la abstención dominicana sea esencialmente un problema de jóvenes. En las elecciones de 2024 participó el 54 % de la generación Z y el 55 % de los baby boomers: apenas un punto de diferencia.
Aquí también la geografía parece decir más que la edad. La investigación encontró menor participación en grandes centros urbanos y mayor concurrencia en municipios rurales y fronterizos.
Tal vez las nuevas generaciones no han abandonado la política, sino algunas de sus formas tradicionales, mientras participan alrededor de causas, movimientos y comunidades digitales.
Dean Roy nos invita a conocer la “política adolescente”. Creó su propio partido, hace campaña desde las redes, sigue estudiando y trabajando a tiempo parcial en la pizzería de sus padres. Su propósito cabe en una frase: “El futuro es ahora”.
Quizás el desafío no sea solamente preguntarnos por qué los jóvenes se alejan de la política, sino qué tipo de política les estamos ofreciendo para que quieran entrar en ella.
