Los suelos blandos en el nuevo terremoto de México

Durante muchos años hemos dicho en la radio, en la televisión y en cada disertación nacional e internacional, y hemos publicado en libros internacionales y en revistas y periódicos nacionales, que durante los devastadores terremotos, como el ocurrido en Haití el 12 de enero de 2010, y el ocurrido en Ecuador el 16 de abril de 2016, todas las estructuras colapsadas estaban sobre suelos blandos mientras todas las estructuras levantadas sobre rocas rígidas se han quedado de pie, y esa es la razón por la cual la ciudad colonial de Santo Domingo, construida en mampostería, pero sobre roca caliza rígida, se mantiene de pie luego de 8 grandes terremotos, incluido el gran terremoto ocurrido el 4 de agosto de 1946, con epicentro cerca de Samaná y magnitud 8.1, mientras que las ciudades coloniales de Santiago y La Vega sufrieron grandes daños con cada sismo ocurrido en nuestra costa norte fruto de que esas dos ciudades están levantadas sobre suelos arcillosos blandos que amplifican las ondas sísmicas y multiplican las fuerzas cortantes actuantes sobre las columnas que soportan las edificaciones, siendo evidente que los muros de cortante respondieron bien sobre los suelos blandos durante el terremoto de Haití, mientras las columnas fallaron en esos suelos.

Muchas han sido las veces en que reconocidos ingenieros dedicados al diseño estructural sismo resistente han refutado públicamente nuestros planteamientos argumentando que el diseño estructural es la diferencia entre lo que se queda de pie y lo que colapsa durante un terremoto, pues, según ellos, lo que está estructuralmente mal diseñado se cae durante un terremoto, indistintamente de que esté sobre roca o esté sobre suelo, lo que nos obligó a responderles que el Palacio Nacional de Haití estaba teóricamente bien diseñado por grandes ingenieros y arquitectos, y colapsó con el terremoto de enero 2010, mientras que las casas paupérrimas de Kencoff y Fermate, al sur de Petionville, construidas a mano por la propia gente pobre, y ubicadas muy cerca de epicentro del sismo, no sufrieron ningún tipo de daños, ni siquiera grietas menores, simplemente porque están construidas sobre rocas calizas.

Los resultados de nuestros estudios geológicos y geofísicos sobre la sismicidad regional y local, y nuestras mediciones de ondas sísmicas en los suelos que apoyaban grandes estructuras colapsadas durante el terremoto de Haití, los publicamos en un artículo titulado “Flexible soils amplified the damages in the 2010 Haití earthquake” el cual aparece publicado en el libro titulado Earthquake-Soil Interaction, y en el libro titulado Earthquake Resistant Engineering Structures, ambos publicados en Inglaterra por el Wessex Institute of Technology con el objetivo de ayudar a entender por qué un terremoto de magnitud 7.0 destruyó casi 400,000 edificaciones, mató 316,000 personas, y dejó 350,000 heridos y 1.5 millones de personas sin hogar, constituyendo la peor tragedia sísmica de los últimos 100 años.

Pero como la actividad sísmica no descansa, este 19 de septiembre de 2017, al conmemorarse el 32 aniversario del fuerte terremoto que en fecha 19 de septiembre de 1985 estremeció a la Ciudad de México, con miles de muertes y miles de estructuras colapsadas, un nuevo terremoto de magnitud 7.1 ha estremecido a la Ciudad de México y ha destruido edificios y viviendas de las colonias Roma y Condesa, y para evaluar los emplazamientos de las estructuras colapsadas el prestigioso periódico de la BBC de Londres ha consultado a expertos científicos ingleses y ha publicado un amplio reportaje titulado ¿Por qué algunos edificios se derrumbaron y otros no en el terremoto de México? Y a seguidas explica que “En la capital de México existen tres tipos de suelos que reaccionan de manera distinta ante los sismos“ donde “Gran parte del centro de la ciudad se encuentra sobre el sedimento de antiguos lagos, haciendo que el suelo sea menos firme,” y que “en este suelo blando es donde las ondas se sienten con más fuerza y por mayor tiempo”, mientras que en el terreno más firme, el cual se encuentra en las regiones montañosas alrededor de la ciudad, los movimientos telúricos son prácticamente imperceptibles”.

Susanne Sergeant, sismóloga del Servicio Geológico Británico, le dijo a la BBC de Londres que “los materiales más suaves amplifican el movimiento del suelo”, mientras que el Dr. Christian Malaga-Chuquitaype, del Imperial College de Londres, le dijo a BBC que “el objetivo de la ingeniería sismo resistente es hacer que las fuerzas sísmicas sacudan hacia arriba y hacia abajo las estructuras internas del edificio y que esto se puede lograr construyendo muros estructurales en lugar de columnas, porque si un edificio tiene más muros estructurales será más rígido.”

Y es que tanto en 1985, como ahora en 2017, los suelos blandos del antiguo lago Texcoco de la Ciudad de México han sido los grandes responsables del alto nivel de daños estructurales y colapsos de múltiples edificaciones que en sumatoria han matado a miles de personas, y estas tristes experiencias sísmicas de México deben ser asimiladas por todos los países de la región expuestos a riesgos sísmicos, donde los constructores deben entender que las construcciones sobre suelos blandos deben ser estructuralmente muy diferentes a las construcciones levantadas sobre rocas rígidas, y donde los Gobiernos deben obligar a que este concepto se cumpla al pie de la letra.

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