La IA desnuda la educación

En la Universidad Brown, 53 estudiantes admitieron haber usado inteligencia artificial para hacer trampa en un examen de economía. Sus calificaciones promedio fueron del 96 %, mucho más altas que las que suelen obtenerse, de entre el 65 % y el 80 %. Una estudiante incluso llamó llorando al profesor para confesarlo. Él le dijo que la honestidad, la integridad y la decencia eran lo más importante.

Este incidente muestra que el sistema educativo actual confunde saber la respuesta correcta con entender realmente la materia.

Las universidades están empezando a reaccionar. Harvard está limitando las calificaciones para evitar que suban demasiado, y Princeton está vigilando más de cerca los exámenes. En España, se utilizan programas para detectar trampas. Pero ninguna de estas medidas resuelve la pregunta clave: ¿estamos evaluando si los estudiantes saben, si piensan por sí mismos o si solo obtienen el resultado esperado?

Una encuesta de la Fundación CYD revela que el 90 % de los universitarios utiliza inteligencia artificial. El 27 % asiste menos a clase desde que la utiliza. La emplean para resolver dudas (68 %), buscar información (57 %), hacer resúmenes (54 %) y corregir textos (50 %).

Además, el 61 % afirma que no ha recibido formación sobre esta tecnología en la universidad, y solo el 24 % percibe que los métodos de evaluación han cambiado.
Estamos en una situación en la que los estudiantes utilizan herramientas del futuro, pero el sistema educativo los evalúa con métodos del pasado.

El filósofo Éric Sadin habla del peligro de utilizar la IA solo para obtener resultados fáciles, lo que nos lleva a esforzarnos menos intelectualmente. Si siempre delegamos la escritura, el análisis y la argumentación en las máquinas, corremos el riesgo de perder nuestra capacidad de pensar de forma autónoma.

Sin embargo, utilizar la inteligencia artificial no significa dejar de pensar. Si se emplea bien, puede ayudarnos a formular mejores preguntas, comparar ideas y aprender más. El problema surge cuando utilizamos las respuestas de la IA sin entenderlas y sustituimos nuestro propio razonamiento por ellas.

Por eso, prohibirla sería un error. Necesitamos cambiar la forma en que evaluamos.

Algunas universidades están volviendo a los exámenes orales, las presentaciones de proyectos y la resolución de problemas reales. Otras permiten utilizar la IA, pero piden a los estudiantes que cuestionen sus respuestas y expliquen por qué tomaron determinadas decisiones.

En la República Dominicana, deberíamos acelerar este cambio. En el ITLA, estamos enfocados en una formación tecnológica que combine el pensamiento crítico, la investigación y la resolución de problemas prácticos.

Sugiero que nuestras universidades implementen evaluaciones mixtas, proyectos prácticos, defensas orales y reglas claras para el uso académico de la IA. También es importante capacitar a nuestros profesores y valorar habilidades que van más allá de recordar información.

La universidad del futuro no será la que impida a sus estudiantes utilizar inteligencia artificial, sino la que demuestre que estos aún son capaces de pensar por sí mismos.

Porque una máquina puede ofrecer una respuesta increíble, pero la educación debe garantizar que, detrás de esa respuesta, haya una persona capaz de entenderla, defenderla, mejorarla y hacerla suya

Autor: Jimmy Rosario Bernard

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