En nuestro sistema democrático el Poder Judicial ha sido el más débil, estando en medio de los vaivenes políticos. Esta situación de debilidad ha sido aprovechada por sectores políticos y empresariales. Unos para garantizar libertad, ante posibles persecuciones penales, por un lado, y para tener un arma para perseguir contrarios, por otro lado; y, la “oligarquía”, para tener sus intereses de clase, su dinero, garantizado. Y esto ha sido así desde que la República es República. Y es hasta lógico que sea así, no es lo correcto, pero es la realidad; no es lo ideal, pero es lo factual.

Esta debilidad histórica a que nos referimos, sumada a otros factores, han puesto en condición de sumisión al Judicial frente a la Procuraduría General de la República, y los jueces, los pobres jueces de “abajo”, sometidos a los fiscales y asustados internamente. Esto lo hemos denunciado en varias “Pinceladas”, planteando la necesidad de que El Judicial tenga una política de comunicación más activa para proteger a sus miembros, lo cual, obviamente, redundará en un sentimiento de mayor independencia frente al todopoderoso Ministerio Público y, por vía de consecuencia, mejores decisiones.

Pero no ha sido así hasta ahora. Los fiscales piden, los jueces le dan lo que ellos piden. Y, si los jueces tienen una epifanía y deciden en base a derecho y no sobre la solicitud de una parte (fiscales), estos, con el enorme poder mediático que tienen, los salen a acabar en la palestra pública y les transfieren a ellos la suerte de los procesos y la posible indignación popular.

En estas condiciones es difícil ser juez penal. Los jueces -siempre habrá excepciones, yo conozco muchas-, frente a los fiscales y, más en los procesos importantes, parecen “muchachos de mandado de estos”, y el Judicial callado al respecto. Antes, en vez de salir a defender a sus jueces, utilizaban inspectoría y los traslados para perseguir a los que mostrarán independencia de criterio. Ahora debo decir que esos métodos ya no son utilizados, según mis fuentes. En esa parte hemos avanzado. Pero aún el judicial debe enfrentarse a diversos obstáculos, para lograr que los jueces se sientan empoderados y fallen sólo atados a la Constitución y a su consciencia.

Uno de estos obstáculos ha sido aupado por los políticos y por los poderes fácticos (una parte de la prensa también, obviamente), y ha sido ayudado por la sumisa actitud del Judicial. Es una realidad fáctica, es un poder casi descontrolado frente al cual, de seguir así, todos deberán poner “su barba en remojo”.

El Poder Judicial ha respondido de manera institucional frente a la narrativa impuesta de intimidar a los jueces, estas palabras son de antología: “El Derecho dominicano cuenta con reglas procesales para asegurar que las partes se encuentren en igualdad de condiciones a la hora de presentarse a un juez y también para evitar cualquier condena previa a la sentencia definitiva”. Si es una respuesta por un proceso en particular: terrible error del Judicial el responder. Ahora, si es parte de una política institucional de defensa de sus miembros, que empieza con esta respuesta y seguirá en el tiempo, debemos darle todo el apoyo al respecto.
Esperemos.

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