Martí

Mañana, 19 de mayo, se cumplen 126 años de la muerte de Martí en Boca de Dos Ríos, Cuba. Tres disparos le dejaron sin vida y le llevaron a la inmortalidad. Había partido desde Santo Domingo hacia “la guerra definitiva” el 1ro. de abril de 1895, junto a “la mano de valientes”, como llamó a sus cinco acompañantes: el general Máximo Gómez, Paquito Borrero, Ángel Guerra, César Salas y “el negro dominicano” Marcos del Rosario.
Martí visitó el país en tres ocasiones (1892, 1893 y 1895), pues la participación de Máximo Gómez era básica para la causa.
A Gómez le escribe el 13 de septiembre de 1892, desde Santiago de los Caballeros: “Yo ofrezco a Vd, sin temor de negativa este nuevo trabajo, hoy que no tengo más remuneración que brindarle que el placer de su sacrificio y la ingratitud probable de los hombres (…) Los tiempos grandes requieren grandes sacrificios (…)”.

En el país Martí escribió mucho. Destacándose su “Diario de Monte Cristi a Cabo Haitiano”, conocido entre nosotros como “Apuntes de un Viaje”. El cual debiera ser texto de lectura en colegios y universidades, por lo plástico en las descripciones del paisaje y el carácter del dominicano que realiza el Apóstol, y por la elegancia y pureza del lenguaje utilizado.

Ahora bien, nada como los escritos fechados 25 de marzo de 1895, el “día de los presentimientos y de las despedidas”. Destaca el “Manifiesto de Montecristi”, firmado también por Máximo Gómez y que es el Acta de Independencia cubana, (“Cuba vuelve a la guerra con un pueblo democrático y culto, conocedor celoso de su derecho y el ajeno…¿Qué suerte elegirán los españoles: la guerra sin tregua, confesa o disimulada…o la paz definitiva que jamás se conseguirá en Cuba sino con la independencia?”); También, la carta de despedida a su madre “El deber de un hombre está allí donde es más útil…bendígame y crea que jamás saldrá de mi corazón obra sin piedad y sin limpieza”.

Además, la carta que muchos llaman testamento-político, donde expresa su pensamiento internacionalista, dirigida a don Federico Henríquez y Carvajal, “Esto es aquello y va con aquello. Yo obedezco, y aun diré que acato como superior dispensación, y como ley americana, la necesidad feliz de partir, al amparo de Santo Domingo, para la guerra de libertad de Cuba. Hagamos por sobre la mar, a sangre y a cariño, lo que por el fondo de la mar hace la cordillera de fuego andino”.

Apenas vivió 42 años, de los cuales cerca de 28 los pasó luchando por liberar su patria de la Metrópoli española.

Fue publicista, traductor (dominaba el inglés y el francés); poeta, su “Ismaelillo” es considerado el “punto de partida del Modernismo”. Fue orador sin pares en la tribuna castellana.
Periodista cuyas “crónicas norteamericanas” publicadas en el periódico “La Nación” de Argentina, eran esperadas con fervor por una legión de seguidores, entre ellos Rubén Darío, quien admiraba la prosa torrencial y limpia de Martí. Darío le conoce en 1893, en Estados Unidos, y dice sobre él: “Nunca he encontrado, ni en Castelar mismo, un conversador tan admirable. Era armonioso y familiar, dotado de una prodigiosa memoria, y ágil y pronto para la cita, para la reminiscencia, para el dato, para la imagen”.

¡Honor al titán alado del pensamiento y la palabra!

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