Un misil con menos pólvora

A Pedro Martínez y a Rick Sutcliffe, el primero inmortal, el segundo un exganador del Cy Young y ambos canteras inagotables de conocimiento sobre el béisbol, fueron los primeros que escuché disertar ampliamente sobre la resaca que sufren los lanzadores cuando trabajan mucho en una postemporada y no buscan la manera adecuada de descargar sus brazos para la siguiente campaña.

Independientemente de lo difícil que es rendir desde la lomita en las Grandes Ligas, la etapa que por norma se toma la mayor parte de octubre exige aún más por un variopinto de razones, entre ellas la presión y ese deseo de ganar que hace que se deje todo en el terreno.

En el momento puede que no se sienta o que no se repare en tanto ajetreo, pero esa factura luego llega y puede que salga bien costosa.

El cubano Aroldis Chapman es un reflejo más de esa línea de pensamiento a la que se adhieren Pedro y Sutcliffe.

Su carga de ejecución en la pasada contienda fue excesiva, máxime en la Serie Mundial, cuando tuvo siete entradas y dos tercios de labor, apenas un tercio menos que lo registrado en la Serie Divisional y en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional con los finalmente campeones, Cachorros de Chicago. Está fresca en la memoria sus apariciones en los juegos cinco, seis y siete de ese Clásico de Octubre.

Esta contienda, con los Yanquis, en 37 entradas ha ponchado a 52 rivales y ha repartido 18 bases por bolas, la misma cuota que tuvo en la contienda anterior con los Yanquis y los Cachorros. En 2016, ponchó a 90, un monto que se ve un poco distante para un serpentinero zurdo que no se ha visto tan cortante en este 2017.

Además, ya le han dado los mismos imparables que en 2016 (32). Si se suman los hits, bases por bolas y golpeados (3), superan por uno (53-52) los ponches.

Eso no ayuda a un cerrador y mucho menos a uno cuya especialidad es pasar por las armas.

En otras campañas, sus ponches superan en muy buena proporción los embasados. Chapman no sube al montículo en busca de elevados y rodados, lo suyo es abanicar.

Luce que la pólvora necesita recargarse.

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