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¡Cuidado con los nuevos protectores de la Constitución! La han desconocido en múltiples ocasiones y estarían dispuestos a volverlo a hacer. La lucha por una demanda justa se devalúa cuando es llevada a cabo por grupos que en otras oportunidades actuaron contrario a lo predican hoy. Sorprende la tranquilidad con la que estos políticos se erigen en defensores de la Constitución, cuando en el 2010 encabezaron una reforma para eliminar el “nunca jamás” y habilitar así a un presidente que ya había estado tres veces en el poder. Más allá del constitucionalismo de coyuntura, el país requiere de un amplio movimiento político y social que demande la efectiva creación y vigencia de una cultura constitucional.

¡Cuidado con lo que intentan modificar la Constitución a toda costa! El poco respeto a la Carta Magna es una evidencia de la debilidad institucional de la que adolece la democracia dominicana. No es posible que cada vez que está concluyendo el plazo para el ejercicio de un mandato, en el país se abra la discusión de una reforma constitucional para cambiar esos límites y favorecer al gobernante de turno. Los últimos tres gobernantes han promovido reformas para cambiar el modelo de elección de los presidentes, con el propósito de beneficiarse. Esto pasó en el 2002 con Hipólito, en el 2010 con Leonel y en el 2015 con Danilo.

A las reformas realizadas no se le ha dado el tiempo necesario para probar si convienen o no al sistema político. El actual modelo de dos períodos y nunca más, parecería ser el más adecuado en una democracia. Este combina la posibilidad de un periodo más para que un presidente pueda llevar a cabo su programa, con la alternabilidad en el poder que permita la emergencia de nuevos liderazgos. Aunque la Constitución establece el mecanismo para su reforma, ponerlo en práctica en los actuales momentos no es conveniente, pues hay que darle tiempo de maduración al modelo actual y no se pueden promover cambios constitucionales para favorecer a una persona.

La lucha por el respeto a la Constitución debe ir más allá del oportunismo electoral. La Constitución está por encima de cualquier precandidato y por lo tanto, no puede ser utilizada para su promoción. Ni la Constitución ni el Congreso pueden utilizarse como escenario del conflicto interno de una organización política.
El triste espectáculo de la militarización del Congreso y el uso inadecuado de la fuerza para enfrentar el legítimo derecho a la protesta, debe contar con el rechazo de todos. Sin embargo, la ciudadanía no se puede dejar arrastrar por este enfrentamiento y debe demandar el fiel cumplimiento de la Constitución.

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