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¿Quién acostó su estatura/
que su voz está parada?
Hay muertos que van subiendo/
cuanto más su ataúd baja…

Manuel del Cabral, en Aire durando

Cuando muere una persona, especialmente en las trágicas circunstancias en que acaeció el asesinato de Orlando Jorge Mera, las personas que la quisieron, los más cercanos, suelen privilegiar sus bondades, es consabido.

Mas cuando tanta gente, toda una sociedad, coinciden en destacar las virtudes del fallecido, sobre todo si es una figura pública, es porque nos encontramos ante un legado que debe abonar las acciones y conductas de quienes le sobreviven.

La estela fundamental que nos deja Orlando es su condición de servidor público como dirigente político y funcionario gubernamental, y por eso es pertinente que quienes ocupan tales posiciones tengan presente la impronta existencial del hermano de la admirada Dilia Leticia, hecha de la misma pasta que OJM, como lo tengo registrado en mi comunicación electrónica.

La decencia y la modestia, el civismo de Orlando podía conducir a algunos a subvaluar las cualidades más valiosas que mostró a quienes tuvimos oportunidad de tratarlo en el quehacer público y partidista, en cuyas cotidianidades solemos bajar la guardia y disminuir la rigurosidad y la constancia que llevan a coronar con éxito los objetivos asumidos.

Aunque sereno y despojado de toda expresión de autoritarismo o prepotencia, fue siempre consistente en dar minucioso seguimiento a las tareas y procesos hasta su conclusión. De tal conducta tuve múltiples evidencias cuando operamos juntos, él en su rol de abogado electoral del PRD y el PRM, o de representante ante la JCE, y yo desde el área de comunicaciones.

Repasábamos desde la cuidadosa confección de textos de declaraciones, la convocatoria y cobertura de comunicación de las posiciones partidarias o de campaña, y el seguimiento a la difusión de esa cobertura.

Orlando mostró que se puede ser un dirigente político exitoso a partir de mantener una comunicación efectiva, abierta y respetuosa con los compañeros y los organismos del partido o de las campañas.

El mismo talante mantuvo en la presidencia de INDOTEL y hasta el final de sus días al frente del ministerio de Medio Ambiente. Siempre abierto, dando la cara, formal, comunicándose con la gente y los funcionarios de todo nivel.

Orlando practicaba el criterio de que el ministerio, la dirección general o cual que sea el cargo que ostentemos en el gobierno, o la función que desempeñemos en el partido, le dan brillo o se lo restan a la institución.

Nos dejó un legado de comunicación abierta, amabilidad, eficiencia y cooperación que deben distinguir la adecuada función pública, ya desde el partido o el estado. Ojalá que lo entendamos todos.

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