RD, año cero

Entonces la mujer de Lot miró hacia atrás y se convirtió en una estatua de sal, Génesis 19:26

El presidente Luis Abinader está inspirando un conjunto de transformaciones que a la vuelta de pocos años convertirán al país en vías de desarrollo integral.

Con un régimen de derechos y libertades plenas, promoción de todas las potencialidades económicas que ha mostrado el pueblo dominicano a lo largo de su historia, para insertarlo dignamente en el concierto de naciones democráticas.

El primer pilar de ese proceso ha sido el establecimiento de un Ministerio Público independiente, capaz de perseguir y contribuir a que se establezcan consecuencias ante la comisión de delitos, sobre todo contra los fondos públicos de un país con tantas precariedades a todos los niveles, y eso incluye, lógicamente, reforzar la seguridad ciudadana a través de la reforma y modernización de la Policía Nacional.

Un segundo pilar, ha sido la tesonera labor del Presidente para asegurar que los dominicanos pudiéramos contar con vacunas a tiempo, y así enfrentar con eficiencia la pandemia de COVID-19.
A eso se agregan jornadas de trabajo de hasta 18 horas diarias, dedicado a promover la agenda del desarrollo económico, la habilitación de servicios públicos de calidad como se merecen los ciudadanos de un país del siglo 21, al tiempo de atender las precariedades sociales de los sectores más desposeídos.

Lo que está ocurriendo es un antes y un después en la historia de desatinos, incapacidades, corrupción, saqueo de los fondos públicos y una Administración pública ineficiente con gobiernos indiferentes ante las necesidades y aspiraciones del pueblo.
Para que se produzca un antes y un después, este proceso debe ser, robustecido e impulsado, apoyando al presidente Luis Abinader hasta que, por su irreversibilidad y sostenibilidad, no tenga vuelta atrás.

Abinader no está trabajando para él, ni para grupos en particular, sino en favor de la mayoría del pueblo y la sostenibilidad del modelo político y económico del país.

Quienes estén observando este proceso de cambio como quien distraídamente ve la lluvia pasar, le puede ocurrir como a la esposa de Lot.

Posiblemente los dominicanos no nos convirtamos en estatua de sal, pero un retroceso de los avances que está impulsando Luis Abinader malograrían el salto de calidad y bienestar general que los dominicanos hemos esperado por toda la vida.

Aprovechemos la determinación y el compromiso de cambio que está exhibiendo el presidente Abinader para impulsar la transformación y renovación hasta un punto de no retorno.

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