“Tita”, así he nombrado a una gatita de casi dos meses recientemente rescatada del parque Las Praderas, gravemente enferma. Resultó ser discapacitada; nació sin párpados, no maúlla. Su cuerpo parece frágil, su mirada ausente, pero su ronroneo vibra cuando la acaricio. No ve como otros gatos, no habla como ellos, pero se comunica con una ternura que desarma. Su vocalización es breve, sorda, como un suspiro que emerge solo cuando se siente amada. No necesita palabras: su silencio conmueve. Tita es diversidad funcional en estado puro. No es menos, es distinta. Y en esa diferencia, nos enseña a mirar con otros ojos, a escuchar con el corazón. Ser especial, merece encontrar un hogar.
