Te has puesto a pensar que “para amar mal solo hace falta fingir bien”. ¿La verdad? se ha quemado demasiado más energía en fingir sentimientos, posturas y estados de ánimo que en demostrar lo que llevamos dentro, en la medida que sea, pero lo auténtico y real del corazón. Considero más saludable, digno y beneficioso dejar eso de ir pretendiendo o fingiendo que queremos cosas para empezar a fluir dejando salir la esencia, la cual tenemos como un rehén, por inseguridades, miedos, patrones sociales, etc. Esa práctica constante de fingir que no pensamos lo que pensamos, que estamos bien, que no necesitamos aquello por lo que realmente estamos sedientos, pesa y duele profundamente, causa efectos que tuercen nuestras actitudes, aturden nuestros sentimientos y agreden nuestra esencia.
