Triunfantes

Antes de que el Señor me diera alas para cruzar el inalámbrico horizonte, me enseñó a no aferrarme a donde posan mis pies. Aprender a vivir en «su Gracia» es semejante a aprender el equilibrio en la bici, y montarla en el sendero estrecho es más fuerte aún, pero lo vale, porque luego de dominar estas disciplinas, solo es proseguir. Paso seguido, debes alzar el vuelo, ya que sabes que no eres un cisne, eres un águila que puede estar en todo terreno, pero sabiendo que es en “lo desconocido” donde demuestras tus fortalezas … Porque indudablemente vemos su gloria cuando brillan nuestras certezas, y vemos su gracia cuando se oscurecen nuestras posibilidades. Rendirte a Dios o entregarte no es fracasar, es saborear el triunfo que viene de sus manos y reconocer que ¡todo obra para bien.

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