Roxanna Segura: El corazón de nuestra Escuela de Economía

Director de la Escuela de Economía PUCMM
La historia de las instituciones académicas suele contarse a través de sus profesores, sus autoridades, sus estudiantes, sus publicaciones y sus graduaciones. Aunque menos visible, existe otra historia igual de importante. Esa la escriben quienes sostienen la comunidad académica a diario. Quienes saben quién necesita ayuda antes de que uno la pida. Quienes recuerdan un nombre, una situación familiar, una asignatura pendiente o esa dificultad que nadie más conoce.
En muchas de estas instituciones trabajan personas. En unas pocas, sin embargo, hay personas que, con los años, terminan convirtiéndose en institución.

Roxanna Segura fue una de ellas.

Llegó a la Escuela de Economía de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra el 25 de abril de 2001 y permaneció con nosotros durante poco más de veinticinco años. Un cuarto de siglo. Es fácil decirlo. O escribirlo. Mucho más difícil es dimensionar todo lo que ocurrió en ese tiempo: cerca de cincuenta ceremonias de graduación y, con ellas, alrededor de mil nuevos economistas; cientos de profesores que se incorporaron a la Escuela, muchos de ellos para quedarse y seguir contribuyendo con entusiasmo y compromiso; cuatro modificaciones del programa de estudios y una quinta en curso; seis directores distintos.

En esos veinticinco años, la Escuela cambió muchas veces. Roxanna, en cambio, siempre estuvo allí. Al momento de su partida, era una de apenas cinco personas en toda la PUCMM con más de veinticinco años de servicio.

Es imposible pensar en la Escuela sin pensar en ella.

Roxanna fue mucho más que nuestra coordinadora académica. Fue, durante años, el corazón que latía silenciosamente en la Escuela de Economía.

Su bondad y su don de gentes parecían reflejar, a su manera, los del padre José Luis Alemán, maestro de maestros de la economía dominicana, cuya impronta intelectual y humana marcó durante décadas la historia de nuestra Escuela. Tras la partida física del padre, la Escuela atravesó un breve período de transición. Le siguieron las exitosas gestiones de Magín Díaz, Martín Francos, Rita Mena, nuevamente Magín y, desde septiembre pasado, la mía.
Directores distintos. Épocas distintas. Generaciones distintas. Roxanna fue el hilo que las unió a todas.
En mi caso, esa permanencia recorre también mi propia historia en PUCMM. Ingresé como estudiante en septiembre de 2002, cuando Roxanna ya llevaba más de un año allí y era entonces la secretaria de la Escuela. Unos meses antes de graduarme, en octubre de 2005, Roxanna fue promovida a asistente administrativa. En marzo de 2010, poco después de mi regreso a PUCMM, esta vez como profesor, ella asumió la coordinación académica. Tras veintitrés años de mis primeras clases en la universidad, me concedieron el honor de dirigir la Escuela, honor que se elevó al saber que tendría a Roxanna a mi lado.

Quizá pocos sepan que Roxanna era parte de nuestra tribu. Era economista. Se había graduado en la Universidad Autónoma de Santo Domingo en 1994. Y no se detuvo ahí. Mientras trabajaba, siguió estudiando.

Se capacitó incluso en prevención de incendios, procedimientos para emergencias y primeros auxilios. En 2005, el mismo año en que fue promovida a asistente administrativa, completó una Maestría en Administración de Empresas en la propia PUCMM. Nunca dejó de aprender.

Pero su verdadero magisterio ocurrió de otra manera.

Nos enseñó que una universidad no se construye únicamente en las aulas. Que educar es también acompañar. Que detrás de cada matrícula hay una persona. Y que un consejo, una conversación o simplemente encontrar a alguien dispuesto a escuchar pueden permanecer en la memoria mucho más tiempo que una clase.

Roxanna conoció probablemente a más estudiantes de Economía que cualquiera de nosotros. Los vio llegar jóvenes, muchas veces inseguros, y los vio marcharse convertidos en economistas. Los aconsejó, los consoló, los defendió y, cuando hacía falta, también los regañó.

En cierto sentido, fue nuestra “mamá gallina”.

Muchos egresados volvieron años después, ya como profesores, funcionarios, empresarios o investigadores. Y al regresar a la Escuela, buscaban a Roxanna.

Así se convirtió en un puente entre generaciones.


Para quienes hemos dirigido la Escuela, Roxanna también era memoria. Sabía cómo habían ocurrido las cosas. Recordaba los precedentes. Conocía a las personas. Entendía esos códigos invisibles que solo se aprenden después de muchos años perteneciendo a una institución. En su caso, tras haberse convertido en una.

Los directores fuimos pasando. Roxanna permaneció.

Quedan ahora cientos de historias que comenzarán a contarse. Queda el afecto de estudiantes, profesores y egresados. Quedan generaciones que, al recordar sus años en PUCMM, recordarán también aquella mujer que sabía sus nombres, conocía sus dificultades y casi siempre encontraba una manera de ayudar.

Durante más de veinticinco años, Roxanna Segura ayudó a escribir una parte importante de nuestra historia en PUCMM.

Roxanna: todavía incrédulos y profundamente afligidos por tu partida, te recordamos con esa sonrisa franca, esa bondad inmensa y ese espíritu vivo que tantas veces hizo más llevaderos nuestros días.
Gracias por tanto.

Para esta Escuela, por siempre serás el corazón que late.

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