Esta gestión parece haber institucionalizado la “ignorancia selectiva” como respuesta a los nudos críticos del país. Ante el descontrol migratorio y la saturación hospitalaria, el Ejecutivo anuncia acciones, pero elude su responsabilidad. Ante cuestionamiento sobre los millonarios contratos de afiliación y el manejo de los 15,000 millones de pesos se desliga con una desconcertante falta de explicaciones. Incluso la lucha anticorrupción, hoy enfrenta sospechas de selectividad y conveniencia política, mientras el jefe de Estado se escuda con el “yo no sé”. Evadir los hechos con ligereza es una abdicación al mandato de rendir cuentas ante una sociedad que demanda respuestas, no silencios.
