Hay momentos en que el deterioro político no necesita estadísticas para sentirse. Se percibe en el ambiente, en las sospechas, en las alianzas inexplicables y en las preguntas que nadie responde. La expresión de que el país “no huele bien” resume lo que pasa cuando la ciudadanía comienza a desconfiar del ambiente político, el problema trasciende a los partidos y alcanza a las instituciones. La política necesita recuperar credibilidad, transparencia y capacidad de responder. No basta con afirmar que todo funciona correctamente mientras crece la sensación de que existen intereses ocultos. Corregir ese ambiente es una tarea urgente.
