Soberanía limitada

La soberanía absoluta no existe. La historia demuestra que los grandes imperios siempre han marcado la cancha. Nosotros nos movemos en el perímetro que Estados Unidos permite, especialmente cuando se trata de frenar a China o usar nuestros aeropuertos para sus operativos. Es un hecho, aunque la diplomacia lo adorne. Aceptar esa realidad no es arrodillarse. Si vamos a entregar el patio, lo mínimo es exigir beneficios a cambio. No tenemos un “Dominican Pekín”, sino un “Dominican York” que sostiene nuestra economía. Podemos reconocer el poder, pero no vivir aterrados por él. Podemos negociar con dignidad y mantener el derecho a la queja.

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