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Después de casi dos años en la calle y a pesar del cansancio que eso provoca, Luis Abinader hizo bien en apelar al programa Ciudad Tranquila (CIUTRAN) para reforzar la tarea que deben realizar las unidades de la Policía Nacional para detener las bandas organizadas y a los delincuentes individuales que están creando intranquilidad y atemorizando sectores con sus asaltos y otras acciones criminales.

No es la primera oportunidad en que los organismos de seguridad y de persecución de la delincuencia tienen que revisar y cambiar sus estrategias. Esta el ejemplo de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) que con un ajuste de su accionar y con mejores estrategias ha implantado un record en la detección y captura de cientos de toneladas de sustancias prohibidas, en tierra, puertos, mar y en la frontera.

La Policía tiene que cambiar, pero ese es un camino largo. Los problemas cuya existencia se cuenta por décadas, necesitan largos períodos para superarlos, no solo la voluntad política y los recursos. Toda acción para mejorar la seguridad ciudadana y sacar el crimen organizado de las calles y de sus escondites, es más difícil con una policía mal pagada, mal equipada, mal entrenada, con estrategias y métodos arcaicos, que no se caracteriza por la disciplina. Además, con una moral baja porque recibe cada día un diluvio de críticas y cuestionamientos; enfrentando los desajustes sociales provocados por los dos años de crisis provocado por la pandemia de la COVID 19, y el uso político de tal situación para minar las bases del gobierno, hace todo más complejo.

En ese escenario y ante las limitaciones del cuerpo policial, se justifica, una vez más acudir al CIUTRAN, una exitosa operación del Ministerio de Defensa. Constitucionalmente, La seguridad nacional es responsabilidad de las Fuerzas Armadas, y la seguridad interna, de la Policía Nacional. Pero sin seguridad interna se tambalea la seguridad nacional. Es la razón por la que una de las funciones del Ministerio de Defensa es apoyar a la Policía cuando las circunstancias lo ameriten.

Para atender a esta responsabilidad, en el 2006 se creó CIUTRAN, como una unidad especializada con el entrenamiento de lugar para realizar las acciones militares de apoyo a la Policía. Esta labor asignada a militares dispersos, se concentró. Inicialmente fueron 100 soldados, cantidad que fue aumentando. En el 2015 se asignaron 1000 y en algunos momentos creció aún más. En agosto del 2016 tenía asignados de manera permanente 1100 oficiales y soldados.

Esta unidad tiene experiencia en operativos de seguridad ciudadana, interdicción e intervención en áreas urbana, y llegó a tener una presencia determinante en el Distrito Nacional en momentos de crecimiento de la delincuencia individual y de bandas organizadas. Además, fue desplegada en algunas provincias.
Muchos de estos oficiales y suboficiales con experiencia en seguridad ciudadana realizaron una importante labor en las calles y en otras actividades relacionadas con las acciones para la contención de la pandemia en el período 2020-202.

Aspectos importantes del entrenamiento de inteligencia que se adquieren las escuelas militares y la experiencia en este campo en la acción militar orientada a la seguridad nacional han sido muy útiles en el escenario urbano “calientes” (que sirven de escondite a grupos y delincuentes solitarios) con operativos especiales precedidos de una labor de inteligencia con personal experimentado. La decisión de Abinader, llega precedida de una vasta experiencia en las Fuerzas Armadas.

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