La prevención puede marcar la diferencia entre la vida, la muerte y una discapacidad permanente.
Con ese mensaje, la Fundación Dominicana de Accidente Cerebral (Fundace) y la Sociedad Dominicana de Neurointervención y Neurología Vascular conmemoraron el Día Mundial del Ataque Cerebral con la caminata “Ejercitando el Cerebro”, una jornada de orientación y solidaridad que reunió a médicos, sobrevivientes, familiares, estudiantes de medicina y ciudadanos en el Parque Iberoamérica.
La actividad, celebrada este domingo y dedicada al doctor Félix Antonio Cruz Jiminián, estuvo centrada en la importancia de reconocer los síntomas del accidente cerebrovascular (ACV), procurar atención médica inmediata y respaldar a quienes deben enfrentar las secuelas de esta condición.
Bajo el lema “Déjate ver” y con la advertencia de que a los jóvenes también les da ACV, los organizadores buscaron desmontar la idea de que se trata de un problema exclusivo de las personas mayores.
Félix Vinicio Lora, presidente de Fundace, conoce de cerca las consecuencias de un ACV. Su propia experiencia lo llevó a impulsar esta organización dedicada a acompañar a quienes sobreviven a estos episodios y a sus familias.
“Nosotros, a raíz de mi accidente cerebrovascular, fundamos una fundación. Después de un ACV también hay vida”, explicó Lora, quien estima que la entidad agrupa a unos 1,500 sobrevivientes,.
La institución ofrece asistencia orientada a mejorar la calidad de vida de personas que, tras sufrir un ACV, pueden quedar con limitaciones físicas y necesidades que se prolongan durante meses o años. Entre sus servicios figuran terapias físicas a domicilio y ayuda para conseguir medicamentos y pañales para quienes presentan discapacidades que dificultan sus actividades cotidianas.
Destacó que cuando termina la emergencia hospitalaria, la recuperación requiere rehabilitación, acompañamiento y recursos, pero también el respaldo constante de la familia y la comunidad.
Hasta 70 nuevos casos cada día
El neurocirujano Luis Suazo estima que en República Dominicana se producen entre 22,000 y 26,000 nuevos casos de accidentes cerebrovasculares al año, una cifra que equivale a entre 60 y 71 casos diarios. Según explicó, el ACV constituye la segunda causa de muerte y la primera causa de discapacidad en el país.
Suazo distingue dos tipos: el isquémico, que ocurre cuando una arteria se obstruye e impide el flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro, y el hemorrágico, que se produce cuando un vaso sanguíneo se rompe y provoca hemorragia.
El especialista insistió en que reconocer las señales de alerta resulta fundamental. Entre ellas figuran la pérdida de fuerza en un brazo, la desviación o el adormecimiento de un lado de la cara, las dificultades para hablar o comprender, los problemas repentinos de visión y las alteraciones del equilibrio.
Señaló la necesidad de fortalecer una ruta nacional de atención al ACV que permita identificar centros médicos capacitados y reducir las demoras desde el primer contacto con los servicios de salud. “El ACV no está contemplado como una enfermedad de alto costo”, comentó, al tiempo que hizo un llamado a las autoridades para revisar esas políticas y permitir acceso y cobertura para el diagnóstico a tiempo de los pacientes y su proceso de rehabilitación.
Señaló que tener hipertensión, diabetes, colesterol alto, dormir mal e ingerir alcohol y drogas elevan las probabilidades de sufrir un ACV. “El tiempo es cerebro”, resumió el doctor.
Un ACV puede ocurrir a cualquier edad
Ramona Feliciano es sobreviviente de un ACV ocurrido en diciembre de 2018. Aquella madrugada, mientras estaba acostada, sintió una sed intensa y mareos. Inicialmente, sus síntomas fueron asociados a un posible problema estomacal, pero la aparición de debilidad en un brazo y alteraciones visuales condujo a una evaluación que permitió identificar el accidente cerebrovascular.
Tras ser trasladada en ambulancia, recibió atención médica y un procedimiento para tratar una arteria obstruida. Quedó con secuelas que transformaron su vida y presenta todavía afectaciones en el lado derecho del cuerpo. También perdió parte de su capacidad para escribir y experimenta movimientos involuntarios en su brazo.
Otro caso que sorprendió fue el relato de Mario Emilio, quien sufrió un ACV cuando tenía apenas seis años. Hoy día ya es mayor de edad y se vale por cuenta propia. “Uno puede trabajar, uno puede seguir adelante”, dijo.
De igual modo, Marino Ramírez narró cómo a los 32 años su vida cambió tras sufrir un accidente cerebrovascular. “No podía hablar ni caminar”, recordó. En la actualidad, Marino es campeón de natación.
