Una sensación de malestar físico que se asemeja a un resfriado o una gripe puede tener un origen completamente inesperado: la ansiedad. Este trastorno de salud mental suele manifestarse a través de síntomas físicos que se confunden fácilmente con enfermedades comunes, lo que complica la detección y el tratamiento adecuado.
La ansiedad es el problema de salud mental más frecuente en Estados Unidos y trasciende el simple nerviosismo o la preocupación.
El psiquiatra David Merrill explicó que las personas experimentan, además de los síntomas emocionales, irritabilidad, fatiga, inquietud y una sensación general de desequilibrio.
No obstante, los síntomas físicos resultan aún más desconcertantes, ya que imitan afecciones como un resfriado, alergias o incluso una resaca. Este ciclo es bidireccional: la ansiedad desencadena malestares corporales, y estos, a su vez, intensifican la ansiedad.
La alerta cardíaca y los cambios de temperatura
La aceleración de la frecuencia cardíaca es una de las manifestaciones físicas más frecuentes que reportan los especialistas. El psicólogo clínico Joseph Laino precisó que la ansiedad activa el sistema de alarma natural del cuerpo.
La amígdala cerebral detecta amenazas y provoca la liberación de sustancias clave como el cortisol y la adrenalina. Este proceso eleva la presión arterial y la frecuencia cardíaca, e incluso puede causar palpitaciones. Aunque esta reacción es imprescindible para la supervivencia, puede resultar dañina si se prolonga excesivamente.
Otra manifestación habitual es la alteración de la temperatura corporal. El hipotálamo responde a la ansiedad generando escalofríos, sudoración excesiva o ambos síntomas a la vez. Adicionalmente, la dificultad respiratoria es un síntoma relevante, ya que el aumento del ritmo cardíaco obliga a los pulmones a esforzarse más.
Dolor, tensión y problemas digestivos recurrentes
Los problemas digestivos también son recurrentes y están relacionados con la respuesta al estrés. Merrill indicó que el sistema nervioso central, especialmente el intestino, ejerce una función clave en la respuesta.
La alteración de la serotonina —ubicada principalmente en el intestino— a causa del estrés emocional puede producir náuseas, indigestión y malestar estomacal.
El tránsito intestinal puede variar, alternando entre estreñimiento y diarrea. Durante la respuesta de lucha o huida, el cuerpo desvía el flujo sanguíneo hacia los músculos, lo que disminuye la actividad digestiva. Esto provoca hinchazón, gases, dolor abdominal y calambres.
Por último, la ansiedad puede generar sensaciones de hormigueo en las extremidades o dolores agudos y tensión en áreas donde los nervios son abundantes, como la mandíbula, el cuello o la parte baja de la espalda.
Cómo Manejar y Distinguir los Síntomas Físicos
Diferenciar la ansiedad de otras afecciones físicas es esencial. El doctor Laino afirmó que si los síntomas físicos se mantienen en el tiempo o si los médicos no encuentran una causa clara, es conveniente analizar un posible origen emocional.
Para gestionar estas manifestaciones, los especialistas sugieren incorporar prácticas de atención plena que incluyan actividad física. Disciplinas como el yoga o el tai chi combinan el movimiento corporal con ejercicios de respiración, contribuyendo a reducir la ansiedad y los síntomas asociados.
Laino aconseja firmemente consultar a un médico si los síntomas persisten para obtener un diagnóstico acertado y descartar cualquier otra causa. Nunca se debe ignorar ningún síntoma, especialmente si la sensación de falta de aire o el dolor en el pecho se agrava.
Existen tratamientos eficaces, incluyendo opciones farmacológicas y psicoterapéuticas, para la ansiedad aguda, crónica o postraumática. A medida que la salud mental se controla, la mayoría de los malestares físicos tiende a disminuir. Abordar el trastorno de manera integral es clave para romper el ciclo entre mente y cuerpo.
