La eyaculación frecuente y el riesgo de cáncer de próstata. Lo que revelan los estudios de Harvard y Australia sobre una posible relación

¿Podría la eyaculación frecuente influir en la salud prostática? Estudios de Harvard y Australia sugieren que los hombres que eyaculan con mayor frecuencia podrían tener menos probabilidades de desarrollar cáncer de próstata. Sin embargo, muestran una asociación, no una prueba de prevención.

Publicado en European Urology en 2016, un análisis de 31,925 participantes del Estudio de Seguimiento de Profesionales de la Salud encontró que quienes reportaron al menos 21 eyaculaciones mensuales entre los 20 y los 29 años presentaron una tasa relativa de diagnóstico un 19 por ciento menor que quienes reportaron entre cuatro y siete al mes. Entre los 40 y los 49 años, la reducción fue del 22 por ciento. La asociación fue más marcada para el cáncer de bajo riesgo, sin demostrar protección contra la enfermedad mortal.

La investigación australiana, publicada en BJU International en 2003 y dirigida por el profesor Graham Giles, comparó a 1,079 hombres diagnosticados con cáncer de próstata antes de los 70 años con 1,259 hombres sin la enfermedad. Los resultados asociaron una mayor frecuencia de eyaculación, especialmente durante los primeros años de la edad adulta, con menores probabilidades de cáncer. Se consideraron las relaciones sexuales, la masturbación y las emisiones nocturnas.

Una hipótesis plantea que la eyaculación podría ayudar a eliminar sustancias que se acumulan en los conductos prostáticos. Sin embargo, esta explicación sigue siendo especulativa y ninguno de los estudios demostró un mecanismo biológico que confirme la prevención.

Ambas investigaciones presentan limitaciones, pues dependieron de recuerdos sobre hábitos íntimos y las diferencias en salud, estilo de vida y pruebas de detección también pudieron influir en los resultados. Aunque los ajustes estadísticos ayudan a considerar estos factores, no descartan todas las explicaciones alternativas.

Por ello, las 21 eyaculaciones mensuales no deben interpretarse como una meta obligatoria, sino como una categoría de investigación. Eyacular con menor frecuencia no significa haber causado cáncer, y aumentar la actividad sexual no constituye un tratamiento para un tumor existente.

Como cirujano especializado en cáncer de próstata, considero que estos hallazgos permiten conversar sobre salud sexual sin vergüenza, manteniendo la evidencia en perspectiva. La atención prostática debe individualizarse, y las decisiones sobre la detección mediante el PSA deben considerar la edad, los antecedentes familiares, el riesgo hereditario y las preferencias personales, en consulta con un profesional de la salud.

Los estudios respaldan que se siga investigando esta posible relación protectora. Por ahora, el mensaje responsable es prudente: la eyaculación frecuente podría asociarse con un menor riesgo de cáncer de próstata, pero no ofrece garantías ni sustituye la evaluación médica o la conversación sobre la detección temprana.

Urólogo oncológico y cirujano robótico, con formación en oncología y en prostatectomía radical robótica.

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