Acerca de la gallinaza y su uso

El excremento de gallinas es utilizado ampliamente en el país como abono, con escaso control y poca conciencia. Las “camas” o piso de los gallineros, se hacen con cáscara de arroz, abundante subproducto de la industrialización del grano base de la dieta criolla. Desconozco si el término correcto es pollinaza o gallinaza, de la que se mercadea, como fertilizante animal. En el proceso de “ensamblaje” de un pollo, de crecimiento supersónico, entran esteroides, hormonas de crecimiento, antibióticos, vitaminas para convertir alimento en carne, en proporción comercial adecuada.

Preocupan los efectos secundarios de elementos utilizados en su engorde de cerca de 50 días. La excreta de este animal debe contener trazas importantes de lo que no es capaz de absorber ni digerir el pollo, en su proceso de “industrialización”, como importante renglón de la economía criolla. El guano, de aves marinas del Perú, es el abono animal referente mundial.

La gallinaza criolla se transporta por lo general en sacos y se añade al terreno agrícola, usualmente a considerable distancia de las zonas de crianza. En Constanza y alrededores, grandes demandantes de este subproducto, se llena la zona de moscas que ponen sus huevos en ese material, reproduciéndose en proporción geométrica, siendo una considerable molestia y riesgo para el ciudadano común, a más del desagradable olor que emana. Escuelas, enclavadas en medio de terrenos de explotación intensiva, han tenido que suspender clases por la plaga y el “bajo”. Es engorroso comer en aquellas áreas, dada la alucinante presencia del insecto volador en cuyas patas aparece cualquier bacteria, por su conocida preferencia de “aposarse” sobre cualquier elemento en descomposición. Suelta su letal carga en alimentos de los que ingerimos.

Con la alta presencia de haitianos que defecan en la intemperie, es fácil suponer el riego latente y realista. Desconozco estadísticas confiables relativas a enfermedades de mayor incidencia en las zonas adonde se utiliza este abono, como recurso agrícola para mejorar la producción, ni que características químicas imprime su uso al producto final. Equivale a la fórmula de un abono 34-30-20, con muchos otros elementos. Promisorio para el que invierte su dinero en el riesgoso y traicionero negocio de la producción agrícola, como alternativa de menor costo.

El grave problema consiste en su peligrosidad potencial, el manejo desaprensivo y sin conciencia de esta mezcla de cáscara de arroz, estiércol de pollos de engorde, productos químicos y sus consecuencias de naturaleza sanitaria. Ahora que estamos atemorizados con el coronavirus, con enormes riegos para un país de escasa cultura sanitaria, un frágil sistema de salud y escasos recursos económicos frente a una pandemia de características apocalípticas es oportuno conocer cuales hábitos nos hacen reproducir de forma “eficiente”, patógenos que afecten la salud colectiva.

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