En procura de hospitales más seguros

Con los recientes avances de la ingeniería sismorresistente, y luego de ver colapsos sísmicos en decenas de hospitales en diferentes zonas sísmicamente activas de diferentes partes del mundo, cada día se hace más obligatorio, y más urgente, evaluar la respuesta sísmica de los suelos donde han sido construidos nuestros hospitales, evaluación que se hace en función de la medición de las velocidades de propagación de las ondas sísmicas de corte (Vs) a través de esos suelos, lo que nos permite clasificar el suelo y luego calcular el espectro de respuesta sísmica del sitio donde ha sido levantando el hospital, y a partir de esos resultados proceder de inmediato a evaluar las respuestas sísmicas de las estructuras de los hospitales construidos sobre suelos flexibles (arcillas, margas, caliche, limos, arenas, aluviones), pues los criterios de la ingeniería sismorresistente de hoy día son totalmente diferentes a los criterios constructivos utilizados cuando la inmensa mayoría de nuestros hospitales fueron construidos.

Cada nuevo terremoto nos enseña cosas nuevas, y luego de ver grandes colapsos de estructuras construidas sobre suelos flexibles en China, Taiwán, Japón, Filipinas, Sumatra, Nepal, Pakistán, Turquía, Italia, Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Nicaragua, Guatemala, México, California, Alaska, Haití, Republica Dominicana (Puerto Plata, Santiago, La Vega), etc., es evidente que diseños estructurales que antes se creía que eran sismorresistentes, en la realidad resultaron vulnerables ante terremotos de menor magnitud a la considerada en los diseños (viaducto de Hanshin, en Kobe, Japón; y hospitales y escuelas en China, Italia, Turquía, Chile, Ecuador, México, Haití y Rep. Dominicana), simplemente porque las aceleraciones asumidas para esos suelos resultaron ser la mitad de la aceleración sísmica medida el día del terremoto, y todo fruto de no entender bien el mal comportamiento sísmico de los suelos flexibles durante un terremoto, ya que si no conocemos la respuesta del suelo al momento de un terremoto, entonces se hace muy difícil diseñar una estructura que responda eficazmente al momento del terremoto.

Y es por ello que el pasado jueves, la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), a través de su prestigiosa Facultad de Ciencias de la Salud, celebró su 24va jornada anual de actualización en ciencias fisiológicas, actividad que estuvo coordinada por la distinguida Dra. Zelandia Matos y por la incansable docente Dra. Rosel Fernández (quien hoy aumenta el orgullo a la UASD por ser la Decana de la Facultad de Ciencias de la Salud), teniendo, por segunda ocasión, la cortesía de convocarnos para disertar, ante cientos de estudiantes que cada año llenan el aula magna de la UASD, y allí hablar detalladamente sobre “Riesgo sísmico en la Rep. Dominicana y efectos de los terremotos sobre estructuras hospitalarias construidas sobre suelos flexibles”, pues cada día hay más conciencia, principalmente entre los médicos y estudiantes de medicina y de enfermería, de que los hospitales constituyen la primera línea de respuesta emergencial en los momentos inmediatamente posteriores a cualquier gran terremoto, y que en tal virtud cada hospital debe ser un búnker capaz de resistir el mayor terremoto esperado en su región, y sobre eso no debe existir ninguna duda.

Durante décadas hemos predicado incansablemente que las estructuras construidas sobre rocas rígidas tienen un excelente comportamiento al momento de un fuerte terremoto, indistintamente de que tengan buenos diseños o malos diseños (y lo hemos visto en la ciudad Colonial de Santo Domingo que ha resistido 8 grandes terremotos, incluido uno de magnitud 8.1), pero que las estructuras frágiles, levantadas sobre suelos flexibles, tienden a colapsar brutalmente durante sacudidas sísmicas de terremotos menores, y eso fue visto por todo el mundo en Haití, donde el 12 de enero del año 2010 un moderado terremoto de magnitud 7.0 provocó el colapso de 400 mil edificaciones, incluyendo el Palacio Nacional, la Catedral, y el hotel Montana, obras construidas con aparente buena ingeniería internacional, siendo evidente que absolutamente todo lo colapsado estaba construido sobre suelos flexibles (arcillas, margas, arenas y aluviones), pero que allí no colapso ninguna edificación frágil construida sobre las rocas calizas de la zona sur de Puerto Príncipe, pues tal y como dice el Evangelio de Mateo (7:24-27): “El hombre prudente construye su casa sobre la roca y el hombre insensato construye su casa sobre la arena”.

Hospitales como el Robert Reid Cabral, Padre Billini, Darío Contreras, ciudad Juan Bosch, Luís Eduardo Aybar, hospital de la Mujer, hospital general de las Fuerzas Armadas, y otros construidos sobre rocas, tendrán un buen desempeño al momento de un terremoto, pero algunos hospitales construidos sobre los suelos flexibles de Santo Domingo Norte y Santo Domingo Oeste, y sobre los suelos flexibles del valle del Cibao y del valle de Neiba, han de tener un mal comportamiento sísmico, y lo correcto es revisar ahora esos hospitales para introducir inmediatamente los correctivos necesarios y hacerlos sismorresistentes, indistintamente del costo.

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